5 de marzo de 2012

Árabe desmarcado

Me preguntaban varios alumnos, hace unos días, por la equivalencia entre las asignaturas de árabe de su carrera y los cursos de las Escuelas Oficiales de Idiomas.

Desde la publicación en 2001 del célebre Marco común europeo de referencia para las lenguas (MCER o MCERL) disponemos de unos niveles comunes de referencia cuyo objetivo es, precisamente, "ayudar a los usuarios a describir los niveles de dominio lingüístico exigidos por los exámenes y programas de evaluación existentes con el fin de facilitar las comparaciones entre distintos sistemas de certificados", de manera que, en teoría, basta con saber qué nivel tiene uno: a diferencia del número de horas lectivas, que no tienen por qué cundir en todas partes y a todo el mundo por igual, cada nivel equivale siempre a un mismo grado de dominio de la lengua, con independencia del tiempo en que se haya alcanzado, cómo se haya adquirido, etc. Uno, p. ej., puede haber estudiado años y años con los mejores profesores, y haber obtenido excelentes calificaciones, pero si no "sabe desenvolverse en la mayor parte de las situaciones que pueden surgir durante un viaje por zonas donde se utiliza la lengua", no tiene un nivel B1.

18 de febrero de 2012

Veinticuatro punzones

En 1909, con un artículo titulado "Nueva tipografía árabe", publicado en el nº 15 de la revista Cultura española (p. 759-764), el arabista Julián Ribera y el ingeniero Antonio Prieto y Vives anunciaban la patente (registrada con el nº 42.259) de un "nuevo sistema tipográfico" árabe, invención suya, que consistía en una fundición obtenida con tan sólo veinticuatro punzones y una caja simplificada "en tal forma, que se economiza más de la mitad del tiempo en la composición, corrección y distribución", y que permitía "poner en una página doble número de líneas que en los tipos antiguos" (p. 764).


Fuera del espécimen que acompaña al artículo (véase arriba), estos tipos sólo parecen haber llegado a utilizarse dos años más tarde, por primera y única vez, en la edición que hace Roque Chabás de la Doctrina cristiana en lengua arábiga y castellana para la instrucción de los moriscos del Ilustrísimo Sr. D. Martín de Ayala (Valencia, 1911), según explica el propio Ribera en el prólogo de la obra (p. xii-xiii):
Los tipos árabes empleados constituyen el primer ensayo de un sistema nuevo que, a excitaciones nuestras, ha inventado el docto numismático y agudísimo ingeniero español D. Antonio Prieto y Vives. [...]
Como primer ensayo que es, se han podido apreciar algunos defectillos que se subsanarán en fundiciones sucesivas que ahora se están haciendo. El Sr. Chabás ha querido que la publicación de esta Doctrina fuese la que inaugurase el tipo nuevamente inventado.

29 de enero de 2012

In caoua veritas

Le café vert (abac077, 2009)
Hoy, en la categoría "Ni los árabes saben árabe", tan cara a algunos colegas, traigo este letrero de un conocido restaurante tunecino, Le Café Vert, situado en La Goleta (حلق الواد, o حلق الوادي si no queremos vernos incluidos en una categoría parecida), allí "donde el romano encendimiento", decía Garcilaso a Juan Boscán, "donde el fuego y la llama licenciosa, / sólo el nombre dejaron a Cartago".

El letrero es doblemente interesante porque ofrece dos versiones en árabe, ambas normativamente incorrectas, del nombre en francés: arriba, مطعم المقهى الخضراء, en que el género de 'café', masculino, y el del adjetivo, 'verde', femenino, no coinciden como deberían; y debajo مطعم مقهى الخضراء, en que el sustantivo 'café' no está determinado como debería, a menos que el sentido buscado fuera "Café La Verde", en referencia a "Túnez la Verde" (تونس الخضراء), como se denomina comúnmente a la capital del país, o como sucede con Cité El Khadra (حي الخضراء), uno de sus barrios; y todo ello cuando lo que sería de esperar es مطعم المقهى الأخضر, donde sustantivo y adjetivo concuerdan en género y determinación.

Mientras que la ausencia del artículo parece más un descuido, la confusión en el género de 'café' (مقهى) tiene dos explicaciones plausibles y probablemente concurrentes. La primera es que se deba a que la última letra de la palabra (ى) indica en ocasiones, aunque no en ésta, género femenino. La segunda, que sea por influencia del sustantivo قهوة, que da nombre a la bebida pero también al establecimiento donde se consume, como sucede en español y otras lenguas europeas: القهوة العالية, p. ej., es "el Café de Arriba", el que hay subiendo la célebre cuesta de Sidi Bou Saïd (سيدي بو سعيد), conocido en francés como Café des nattes, "de las esteras". Dicho cambio de género, curiosamente, también afecta a este último, que aparece normativizado como المقهى العالية (y no العالي como cabría esperar) en el sitio web del ayuntamiento de la localidad; pero no a otros usos locales de la palabra مقهى, donde concuerda invariablemente con verbos, adjetivos, pronombres, etc., como el masculino que normativamente es. Ambas hipótesis cobran fuerza si se considera además que مقهى es un neologismo cultista (y en buena medida redundante) introducido por la Academia de la Lengua Árabe, fundada en 1932, en cuyo diccionario, المعجم الوسيط, convive con esa segunda acepción de قهوة ("lugar donde se beben café y similares") que figura ya en los diccionarios del XIX y coincide con el uso oral; motivo este último, tal vez, por el que se ha visto desplazada:
I also wish to reiterate a lexicographical point not generally known (cf. Encyclopaedia of Islam, 1978:452) to dictionary authors, viz., qahwah can also mean 'coffee house' (= maqhan or maqhāt, pl. maqāhin)  as well as 'tip, present'. Hans Wehr's Arabisches Wörterbuch für die Schriftsprache der Gegenwart [...] mentions the first but not the second.
---Alan Kaye, "The Etymology of «Coffee»: The Dark Brew", Journal of the American Oriental Society, 106:3 (1986), p. 558.

Quién sabe si en la creencia, además, de que dicha acepción es un calco del francés, italiano, etc., y no un uso autóctono como podría serlo el de مقهاة en la península arábiga, donde no es exactamente un sinónimo de مقهى ni por tanto una cafetería, sino la habitación de la vivienda en que tradicionalmente se preparaba el café y lo tomaban los hombres (cf. مقهاية en Yemen). Distinto es el caso de مقهاة en Iraq, cuyo uso aparece recomendado ya en 1951 en la Revista de la Academia Iraquí de Ciencias (مجلة المجمع العلمي العراقي، ج٢، ١٩٥١، ص ٢٦١) frente al de مقهى, que contraviene claramente las reglas de formación de nombres de lugar: si derivara del verbo أقهى ("beber café con asiduidad"), como propone la Academia de El Cairo, se vocalizaría مُقهى (مضموم الميم)‏, pero si deriva del propio sustantivo قهوة ha de aplicársele, como se apunta desde Iraq, el patrón femenino مفعلة (con lo que los rotulistas de Le café vert andarían, después de todo, mejor encaminados que algunos académicos).

A mayor abundamiento, مقهاة es el término que utiliza veinte años antes en sus memorias (v. 16 de enero de 1930) el célebre poeta tunecino Aboul Qacem Chebbi (أبو القاسم الشابي), al rememorar un café lejos del bullicio y el ruido de la ciudad, en un paraje bucólico de las afueras, al que había ido con unos compañeros.

La voz مقهى no figura, por tanto, ni en La corona de la novia (تاج العروس), el célebre diccionario del s. XVIII, cuyo autor, Az-Zabidi (الزبيدي), siendo como era oriundo del Yemen, le había dedicado a la cultura del café en su país "una obra amable" (تأليف لطيف); ni por supuesto en otros anteriores, donde قهوة aún no es más que un sinónimo de 'vino'. Es el mismo Az-Zabidi quien explica que "ése es el origen de la palabra, que luego se aplicó a la bebida que se hace ahora con las semillas de un arbusto del Yemen, [...] que se tuestan un poco al fuego y después se muelen y se hierven en agua".

No menciona este lexicógrafo, sin embargo, la acepción de 'cafetín', aunque قهوة aparece con este sentido en la "Historia de Qamar al-Zaman y de su amada" (حكاية قمر الزمان ومعشوقته), contenida en Las mil y una noches (noche 966) y que E. Littman (Die Erzählungen aus den tausendundein Nächten, Fráncfort, 1966, VI, p. 712) fecha en torno al siglo XVI o XVII. Por otra parte, apenas una década después de que Leonhard Rauwolf diera a conocer a los europeos la existencia de "una buena bebida" llamada "Chaube", "tan negra como la tinta", ya Prospero Alpini en su De plantis Aegypti liber (Venecia, 1592, p. 26) hacía referencia a las tabernas (oenopolia) públicas en que se vendía esta infusión, comparando así más de una vez su consumo con el del vino entre los europeos:
Arborem vidi in viridario Halybei Turcae [...] ex qua semina illa ibi vulgatissima Bon, vel Ban appellata, producuntur: ex his omnes tum Aegyptii, tum Arabes parant decoctum vulgatissimum, quod vini loco ipsi potant, venditurque in publicis oenopoliis, non secusquam apud nos vinum: illique ipsum vocant Caoua. Haec semina ex foelici Arabia asportantur.
En Estambul las primeras cafeterías no aparecerán hasta 1554/5 (962 H), según refiere casi a la vuelta de un siglo el historiador otomano İbrahim Peçevi (إبراهيم پچوى) en su Historia (1866, I, p. 363), dándoles el nombre de قهوه‌خانه, que también recibe en persa, y que tiene su equivalente árabe en la "casa de café" (بيت القهوة) de la que habla en varias ocasiones el damasceno Najmuddin Al-Gazzi (نجم الدين الغزي), a caballo entre los siglos XVI y XVII, en su Constelación de notables de la décima centuria (الكواكب السائرة بأعيان المئة العاشرة، بيروت، ١٩٩٧، ج٢، ص ١٣), cuando menciona a cierto personaje que "llamaba taberna (خمارة) a la casa de café", comparando, una vez más, el consumo de éste en Egipto con el del vino; o cuando alude (ج٣، ص ١٨٣) a la construcción de una en Damasco, en las inmediaciones de un recinto donde "quizá se reunían muchachas de mala vida (بنات الخطأ)", pero que el cafetero consiguió alquilar y anexionar al negocio, sirviéndole en parte de oratorio, a él y a su clientela, para acabar más tarde albergando una mezquita. Del maestro Ahmad al-'Inayati (الشيخ أحمد العناياتي), oriundo de Naplusa pero residente en Damasco y muerto allí en 1605, dice Al-Burini (البوريني، تراجم الأعيان من أبناء الزمان، دمشق، ١٩٥٩، ج١، ص ٩٣) que todas las mañanas tenía por costumbre acudir a la oración y pasar después a alguna "casa de café" (بيت من بيوت القهوة), donde echaba el resto del día escribiendo; y esta misma es, por último, la expresión que emplea Abd al-Qadir al-Jaziri (عبد القادر الجزيري) en 1587/8 (996 H) al mencionar las que existían en La Meca en su célebre Licitud del café apoyada en la flor y nata (عمدة الصفوة في حل القهوة), contenida en parte en la Chréstomatie arabe de Silvestre de Sacy (París, 1826, I, p. 152).

Mohannad Khatib, El Fishawi Coffee Shop Sign - Cairo, Egypt, 2011
Podría decirse, en fin, que el femenino de قهوة resuena en مقهى como un eco del pasado, si no como una venganza de la gramática. "We could read the coffee house", dice incluso Alan Mikhail ("The Heart's Desire: Gender, Urban Space and the Ottoman Coffee House", en Dana Sajdi, Ottoman Tulips, Ottoman Coffee, Londres, 2007, p. 163), "as an extension of the feminine (in the form of coffee) into the public sphere". Femenino se vuelve también, p. ej., al arabizarse, el famoso café chantant de Bab Souika (باب سويقة), un espectáculo característico de las noches de Ramadán en este castizo barrio de la capital tunecina: el Cafichanta (transcrito como una o dos palabras y de varias maneras: كافيشانطة / كافي شانطا, etc. —cf., el turco kafeşantan—).

Visto así, el error parece otro.

Actualización (24.05.2012)
También el tunecino Ibn Abi Dinar (ابن أبي دينار) en su célebre Compañero de noticias de África y Túnez (المؤنس في أخبار إفريقيا وتونس), compuesto hacia finales del XVII,  habla del café (القهوة) pasado el cual construyó Yusuf Dey (يوسف داي) una pila de abluciones, y de otro que construyó más arriba.

19 de enero de 2012

The Dutch connection

Indagando, a propósito del eurábigo (Eurabic) de Thomas Milo (Euro-Arabic para Geoffrey Roper), en los comienzos de la impresión con tipos móviles árabes en España, he llegado hasta Antonio Pérez de Soto, que es al parecer el primero que los utilizó en nuestro país, en la impresión de la Bibliotheca arabico-hispana escurialensis (Madrid, 1760-70), el célebre catálogo de manuscritos árabes de El Escorial que había confeccionado Miguel Casiri (ميخائيل الغزيري) de García (sic), sacerdote maronita, bibliotecario e intérprete de lenguas orientales de la Secretaría de Estado.

Página de la Bibliotheca arabico-hispana escurialensis
Según se lee en la correspondencia de su patrocinador, Gregorio Mayans (Epistolario, Valencia, 1987, VII), la fundición árabe utilizada había sido traída desde Holanda:
Está muy próxima a empezarse la impresión de la Bibliotheca arábiga escurialense; ya ha venido la fundición de la letra arábiga y el impresor está formando la prueba. El sirio D. Miguel Casiri trabaja en ella, bien y como si fuera de hierro, y sabe lo que trabaja.
---"Manuel Martínez Pingarrón a Gregorio Mayans y Siscar, 10 de julio de 1751", p. 368-9.
Ya se ha tirado una hoja de prueba para la Bibliotheca arabico-hispana escurialensis, y se ha presentado por el sirio D. Miguel Casiri al padre confesor; ha salido bellísima, un árabe admirable y muy limpio, y la letra latina también corresponde; no tardará en empezarse la impresión.
---"Manuel Martínez Pingarrón a Gregorio Mayans y Siscar, 17 de julio de 1751", p. 369-70.
El día 18 de mayo me mandaron pasar al Escorial con D. Miguel Casiri, en donde me he mantenido hasta el día 6 de éste. El asunto ha sido ayudarle en la separación de los códices arábigos por facultades para que de este modo salga su Bibliotheca con la mayor claridad; y él se ha quedado allí por algunos días más para reconocer (si acaso lo necesita) alguna otra cosilla en los mismos códices para mayor ilustración de la obra, la cual espera a D. Miguel para empezarse a imprimir, y a este fin está comprado el papel, que es de marquilla, hecha la fundición de la letra romana, traída de Holanda la fundición de la letra arábiga, dado dinero adelantado al impresor, éste adiestrado en el conocimiento de los caracteres arábigos (aunque D. Miguel habrá de ser el que lo haga todo porque no se yerre) [...]. 
---"Manuel Martínez Pingarrón a Gregorio Mayans y Siscar, 9 de junio de 1752", p. 396-7.

Una tipografía similar será la que aparezca años después en la Muestra de los nuevos punzones y matrices para la letra de imprenta executados por orden de S.M. y de su caudal destinadado a la dotación de su Real Biblioteca, de Jerónimo Antonio Gil, publicada en 1787 (p. 44-5), con la novedad, se hace notar, de haberle añadido "las mociones, que por no tenerlas hasta aquí se han hecho nuevamente en este presente año de 1786", que sumaban 10 matrices a las 122 existentes, y 10 punzones a los 119 originales.

"Se va completando la fundición arábiga", indica Juan Antonio Mayans a Francisco Cerdá en carta del 3 de julio de 1784, "para lo cual será menester algún tiempo más del que necesita la fundición que Vm. dispone para sus Opúsculos, que no necesita de matrices nuevas".

Con mociones y la misma tipografía, sin embargo, está impresa en 1775 y a cargo del mismo Pérez de Soto la Gramática arábigo-española, vulgar, y literal de fray Francisco Cañes, y también su Diccionario español, latino-arábigo (Madrid, Imprenta de don Antonio Sancha, 1787), pese a que el Conde de Campomanes, autor del "Discurso preliminar sobre la utilidad de la lengua arábiga" que sigue al prólogo, le atribuye a la fundición un origen autóctono, al hablar de "los caracteres propios", es decir, árabes (p. xix, n. 22):
De que en el presente reinado se han abierto punzones y matrices por diligencia de D. Juan de Santander, Bibliotecario mayor de S.M.: auxilio del cual carecían nuestros mayores y a que debe atribuirse el atraso padecido en esta parte.
A simple vista se aprecia que la fundición traída de Holanda no es sino una versión más de los tipos que el parisiensis Robert Granjon («روبيرتو الكرنياني الپاريسياني») comienza a grabar en Roma a partir de 1580, y que pocos años después de empezar a ser empleados en la Imprenta Medicea había imitado ya Rafelengio, como él mismo indica en su Specimen characterum arabicorum (Leiden, 1595), al que seguirán Guillaume Le Bé (1599), Peter Kirsten (1608), Savary de Brèves (1613), Erpenio (1615), etc.
Each of these, however, imposed distortions and limitations on their Arabic type designs, partly because of their own failure to appreciate the subtleties of Arabic calligraphy, and partly because of the need to economise with ligatures and other refinements in order to create practical and affordable founts. The same was true of the many other Arabic typographers in different areas of Europe down to the 20th century.
---Geoffrey Roper, "The Travails of Euro-Arabic: Calligraphy, Logography and Typography in the Early Modern Period", Dabireh Collective, 01.09.2009.

En su Specimen, Francisco Rafelengio alabará la elegancia, insuperable, de las impresiones mediceas, pero lamentando que sólo tuvieran a los árabes, sobre todo a los cristianos ("quali sono in Oriente, et Granatini in Spagna", dice un Breve raguaglio redactado por Giovanni Battista Raimondi, director de la imprenta), como destinatarios, en lugar de publicar el diccionario y la gramática para principiantes ("Institutiones Grammaticas indoctis convenientes, & Lexicon") que habían prometido en un principio y que él mismo, como estudiante de árabe, echaba en falta; todo ello con más o menos razón, como detalla Robert Jones ("The Medici Oriental Press...", en G. A. Russell, The 'Arabick' interest of the natural philosophers in seventeenth-century England, Leiden, 1994, p. 88-108): si bien es cierto, p. ej., que en un mismo año (1592) habían salido de la imprenta romana una cartilla de lectura, el Alphabetum arabicum, y dos gramáticas nativas, la llamada Giarrumia (الآجرومية) y la que dicen Caphiah (الكافية), no lo es menos que el provecho que un autodidacta podía obtener de estas obras, juntas o por separado, era muy limitado.

Editar obras didácticas que colmaran las expectativas de los estudiosos ("quae explerent desiderium studiosorum") sería así la razón que adujera Rafelengio para procurarse una fundición idéntica a la de Granjon. Voluntad no le falta, añade, aunque sí los medios ("facultates") para perfeccionar este arte como sería deseable. Por lo demás, puesto que es trabajoso aplicar a las letras árabes sus puntos ("operosum est Arabicis literis sua puncta applicare") y son muchas las cosas que se necesitan para ello, Rafelengio se contenta con que el lector disfrute de su muestra, a la espera de reunir cuanto fuera necesario para plasmar perfectamente la escritura árabe en toda su armonía ("ad Arabicam scripturam omnibus suis absolutam numeris reddendam").

Difícilmente podía imaginar el flamenco, muerto dos años después, que a sus colegas europeos avanzar en esa dirección les llevaría siglos y retrocesos, estos últimos, diría yo, más debidos a la dimensión ideológica del eurábigo que a los obstáculos técnicos.

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