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22 de abril de 2015

Palabra de arabista

En R. Arévalo, Ejercicios progresivos de árabe: el que se habla en Marruecos, s.l., s.d., p. 17.
La enseñanza de los mogataces jóvenes debe hacerse prescindiendo de toda idea de españolizarlos; antes al contrario, España, que tiene superior cultura sobre Marruecos, es la que debe poner las cosas al alcance de sus colindantes. Yo establecería la enseñanza de la academia en árabe, con lo cual acudirían a ella con preferencia los jóvenes que van a estudiar a Gibraltar o a Bruselas, y se esparcería por el Mogreb una semilla de españolismo fundada en las ideas, más duradera y fructífera que la que resulta del uso de una lengua. A nosotros es a quien toca aprender la suya, y por eso querría que todos los empleados, que todos cuantos españoles pasaran por allí con algún cargo, fuesen con la condición precisa de saber el árabe, cosa por demás sencilla en España, donde hay muchos medios de aprenderlo. A propósito de esto he de combatir la idea de que el árabe literario es diferente del hablado por el vulgo, lo cual no es cierto, no es distinta sino la impresión que hace al oído, como difiere el andaluz del asturiano. Quien sepa el idioma literario, en muy pocos días entiende perfectamente la lengua de aquellos naturales, con la ventaja de poseer el árabe que usan los hombres de ciencia, en que se escriben los libros, en que se redactan los documentos oficiales. Por eso mismo, habría que enseñar el árabe literario a los mogataces jóvenes, para que fueran desde Ceuta al país interior bien educados y con superioridad intelectual, debida a la influencia española; y no creáis que el árabe es enfadoso de aprender y áspero de pronunciar; no, señores, es una lengua fácil, os lo aseguro bajo palabra, es dulce al oído, sin vocales de media tinta, ni choque o acumulación de consonantes.

No menos conveniente sería atender algo al cultivo del idioma berberisco, único que entienden los rifeños, como gran número, si no es la mayoría, de tribus mogrebíes; y España, sacando de la oscuridad en que yace envuelto el dialecto xeloj, que es más puro que el de las cabilas argelinas, prestaría a las letras un servicio de gran importancia, que sería reconocido en Europa. Aproximando por medio de la lengua a los españoles y a los marroquíes, es como podemos tener verdadera comunidad de miras e intereses.
---Eduardo Saavedra y Moragas, en Intereses de España en Marruecos. Discursos pronunciados en el meeting de la Sociedad Española de Africanistas y Colonistas celebrado en el teatro de la Alhambra el día 30 de marzo de 1884, Madrid, 1884, p. 82-83.

31 de diciembre de 2014

Paso de año

Hay años o períodos de la vida que pasan rápido y casi inadvertidos, como cruzan algunos animales en libertad las carreteras, y otros que lo intentan y acaban atropellados.

De atropellos y de atropellamientos, no de años ni de animales, pero sí, de algún modo, de personas y de ideas, fundamentalmente en el ámbito de la enseñanza del árabe como lengua extranjera, es de lo que suele dar cuenta este blog, y en este 2014 que se va no sólo no han faltado, sino que han adquirido además una especial significación, como dejan entrever algunas de sus entradas, porque no es ya que entre colisión y colisión hayamos dejado de avanzar, cosa que tampoco veníamos haciendo: es que vamos, como rebotados, para atrás.

Visto desde fuera, este ámbito docente, parte a su vez, todavía, de otro "tan escaso y apartadizo, desasistido por lo común de la atención pública", como es el arabismo en la ya célebre descripción de Emilio García Gómez (en É. Lévi-Provençal, España musulmana hasta la caída del Califato de Córdoba, Madrid, 1950, p. x), podría pasar por un patio de colegio más, de los muchos en que se libran querellas intestinas sin otro fuste que el choque de distintos egos e intereses personales, y de hecho así es a veces, pero también puede suceder que en ese patio de colegio, dejado de la mano de Dios, se estén dirimiendo, a pequeña escala, cuestiones de justicia, eficacia, transparencia, etc., no muy diferentes de las que preocupan a buena parte de la sociedad, cobrando sentido a aquello de think globally, act locally, si bien es cierto que aún habría, con cierta seguridad, una parte interesada en disfrazarlas de rencillas, malquerencias o trastornos personales.

Está previsto que a finales del año que entra, como muy tarde, se celebren las duodécimas elecciones generales de la democracia española y, a poco que se observe, se apreciará que en el gremio del arabismo, o al menos entre los más jóvenes de la corporación, ha irrumpido con fuerza, como en el resto de la sociedad, el discurso regenerador de Podemos, esa "iniciativa ciudadana", según se dice en su sitio web, "que abarca mucho más que el partido político registrado con el mismo nombre el 11 de marzo de 2014"; y no, desde luego, porque una de sus eurodiputadas sea licenciada en Filología Árabe, porque la mano derecha de Pablo Iglesias en Bruselas sea marroquí, o porque el propio nombre de la iniciativa parezca la respuesta al "panfleto en sí menor" de Santiago Alba Rico (¿Podemos seguir siendo de izquierdas?, Barcelona, 2013), filósofo cercano al arabismo y residente en Túnez, cuna (y tumba, según él mismo) de la llamada Primavera Árabe, referente a su vez del movimiento 15M. Hay sencillamente, como en buena parte de la sociedad española, una sensación de hartazgo ante la injusticia y el denominado déficit democrático: lo que no está tan claro es si los arabistas, simpatizantes o no de Podemos, que despotrican de ésos y otros males afines, como la corrupción, el amiguismo, la incompetencia, etc., son conscientes de que no sólo nos rodean como sociedad, sino mucho más de cerca, como profesionales, en nuestro propio ámbito de trabajo y estudio, donde mejor podemos actuar, lo que no significa, como algunos querrían, que seamos los únicos o los que mejor podamos hacerlo. Tengo a este respecto la impresión, quizá por la experiencia de algún que otro atropello, pero sobre todo ante la evidencia de que, de otro modo, no estaríamos como estamos, de que el arabista que piense globalmente y quiera actuar localmente, obrando no ya guiado por un programa político sino por una mínima honestidad personal e intelectual, hallará más respaldo fuera que dentro del gremio, salvo, tal vez, que sus acciones no comporten crítica ni compromiso alguno para éste.

Al socaire del caso Errejón, que unos consideran un chanchullo y otros la excusa para urdir una campaña de difamación (cuando bien podría tratarse o haber algo de ambas cosas), Podemos ha sido descrito por Félix de Azúa, peyorativamente, como "un partido de profesores" (El País, 01.12.2014), y no ha pasado inadvertida la respuesta de su secretario general a la pregunta que le hacía el periodista Antonio Papell en el programa La noche en 24 horas (05.12.2014) a este respecto: "¿Por qué no han empezado a hacer la revolución en la universidad, para cambiarla?", a lo que Iglesias, que no se la esperaba según advierte él mismo, responde:
Nosotros en la universidad no hacíamos revoluciones: nos dedicábamos a estudiar y a trabajar. [...] Claro que nos gustaría que la universidad fuera de otra manera, pero eso se cambia con responsabilidades de gobierno, y nosotros no estamos haciendo una revolución, estamos haciendo algo mucho más modesto: que la gente se empodere políticamente para tener un país un poquito mejor, y en la universidad, a estudiar, que es lo que toca hacer.
Contestación esta que yo, personalmente, no sé muy bien cómo interpretar, pero que no parece, de entrada, una invitación a cambiar las universidades desde dentro, a pesar de la autonomía que les reconoce la Constitución del 78 en su artículo 27.10, limitada, bien es verdad, por "los términos que la ley establezca". Por su parte, el Manifiesto por una Universidad Pública de Podemos aspira a transformar "todo el esfuerzo individual realizado de manera silenciosa, profesional y entregada por parte de quienes no querían que la Universidad desapareciera" (?) en "una nueva «marea» que aspire a conseguir en la Universidad la misma regeneración que se exige al resto de nuestras instituciones políticas, sociales, económicas y culturales", pero no hace la menor alusión a ninguno de los males internos que suelen atribuírsele, al contrario, p. ej., que Rafael Escudero, quien en su defensa de la universidad pública desde El diario habla sin paliativos de cómo "el control ideológico de antaño se acentúa hoy bajo la fórmula del poder de contratación" (02.03.2014), o de "la casta universitaria" (01.10.2014), aprovechando el remoquete que han hecho célebre los de Podemos y que otros esgrimen ahora en su contra con más o menos fortuna y credibilidad.

Ignoro, por ir recapitulando, aunque no dejo de preguntármelo, qué puede esperar la universidad, el arabismo español y, más en particular, la enseñanza del árabe como lengua extranjera de Podemos u otros partidos. (En Francia, por cierto, la asociación nacional de arabistas, AFDA, llegó a dirigir incluso, en 2007, un cuestionario a los candidatos a la presidencia de la República "sur la relance de l'enseignement de l'arabe", obteniendo respuesta tanto de Nicolas Sarkozy como de Ségolène Royal.) Sí he de decir, no obstante, que cuando lancé a finales de 2011 la Campaña para la acreditación y uso del árabe (que espero comience a aplicarse en mi universidad en breve), alguien del grupo parlamentario IU-ICV-EUiA-CHA (Izquierda Plural) se interesó anónimamente por ella. Y no puedo olvidar tampoco que la docencia del árabe no sólo se enfrenta a contradicciones internas, aunque sean éstas, a mi modesto entender, las que mejor podemos y antes deberíamos solventar. Es por todo lo anterior por lo que del nuevo año espero que nos pille a todos, tanto a los seguidores de Anís del moro (detractores incluidos) como a su autor, más sensatos, generosos y justos que éste que ahora finaliza, si no en pro del máximo bien común, cada cual por el de su conciencia y decoro, el que los tenga, y el que no, por parecerlo acaso.

سنة ميلادية سعيدة وكل عام وأنتم وذووكم بخير.

29 de enero de 2014

Proselitonimia inaplicada

In other words, Katriel had to be onomastically reborn to become a full Israeli. [...] This process is very similar to the adoption of new names by converts to a new religion, a topic that is yet to be studied in the Arabo-Islamic context. [...] To the best of my knowledge, there is hardly any systematic research on the topic. However, anecdotal data suggest that some new converts choose their own personal names, sometimes changing but most of the time keeping their family name. Those who join the Sufi tariqas are given names by their spiritual leaders or directors. Quite a few converts do not change their names at all, particularly if they are 'submarines', that is to say, people who do not make their conversions public.
---Yasir Suleiman, Arabic, Self and Identity. A Study in Conflict and Displacement, Oxford University Press, 2011, p. 165.

Con estas palabras que he tomado de un capítulo de su obra, dedicado a la relación entre onomástica, ego, identidad y conflicto, sugerente como toda ella, advierte Suleiman de la existencia de un campo de investigación escasamente hollado: el del comportamiento onomástico entre los conversos al Islam en la actualidad, y es que los estudios sobre éstos o no se detienen en este particular o no le otorgan, por lo común, mayor significación, con alguna excepción tal vez, como la tesis doctoral de Ali Köse (Conversion to Islam. A Study of Native British Converts, Londres, King's College, 1994, p. 135):
One of the first thing that the converts interviewed seem to do is to take a new Islamic name. It is almost always done when the convert takes the shahadah in front of others. It is suggested s/he takes a name although this is not required unless the existing name has a bad meaning. Of the 70 converts, 57 (81%) now bear an Islamic name while 13 (19%) do not. Most of those who have taken an Islamic name use their new name within the Muslim community while they use their old name in their daily life in the society. Only 4 (6%) people have changed their name legally and they use it in all of their interactions. Some of those who did not take an Islamic name expressed that by keeping their name they are able "to show people that it is possible to be both English and Muslim".
O con mayor motivo la de Akil N. Awan, uno de cuyos apartados recibe su título del patrón de conducta dominante en estos casos: "Onomastic change" (Conversion to Islam in Contemporary Britain: Motivations, Processes and Consequences, Londres, SOAS, 2011, p. 141-145), pese a coincidir con Köse en que son raros los casos de quienes lo legalizan, y en que "most converts [...] despite assuming a Muslim name during host group interactions, often continue to use their original names in non-Muslim contexts" (p. 143). Si este último, por su parte, observa un patrón preferente en la estrategia seguida en la elección de los nombres (aquellos comunes a la tradición islámica y judeocristiana o similares a los originales —"such as Maryam for Mary and Dawud for David", p. 136—), Awan se detiene, en cambio, en la motivación y actitud particulares de una serie de individuos hacia el cambio (o no): desde el que se niega a responder por su nombre original a quien considera que debe mantenerlo y no adoptar uno ajeno, pasando por los que asumen "dual identities that allow them to occupy multiple spaces, which are often reflected through the names they assume within these spaces" (p. 144).

El porcentaje de conversos entre los musulmanes residentes en nuestro país variaría entre un 1,2%, a tenor del Estudio demográfico de la población musulmana 2012 publicado por la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), que los cifra en 20.360 individuos, y un 2,5% según otras fuentes (un reportaje de Marta Molina para El País, del 31.07.2011, titulado "Nuevos musulmanes", situaba su número entre 25.000 y 50.000). Son, por tanto, escasamente representativos, incluso de un islam español, constituido en un 96%, de acuerdo con el estudio de la UCIDE, por ceutíes, melillenses, ciudadanos nacionalizados y sus descendientes, a su vez minoritario en comparación con el número de fieles extranjeros. Sin embargo, su presencia mediática es muy superior a la que en principio correspondería a la numérica, debido probablemente tanto al afán de significarse de algunos de ellos como a la curiosidad natural que suscita el fenómeno e incluso al alarmismo con que la islamofobia trata todo lo relativo al islam. Una buena muestra de todo ello se encuentra, en mi opinión, en una obra como la de Rosa Mª Rodríguez Marga y en la reseña que le dedica Pedro Buendía ("La España convertida al islam") en los Cuadernos de pensamiento político de la FAES (12, 2006, p. 216-220), cuyo criterio, no exento de tino en varios aspectos, como al describir el de ciertos conversos como un "islam más bien imaginado, idealizado hasta el delirio, interpretado con anchurosa manga, en muchos casos huérfano de algarabía" (p. 218), es al mismo tiempo el de quien, convencido quizá de que el mejor ataque es una buena defensa, al revés de lo habitual, sostiene que dudar de "la imagen del islam que ha terminado por instituirse en tótem de la corrección política" (que tiene de entreguista, en mi opinión, lo que cualquier diplomacia: nada) "[...] equivale cada vez más a ser tachado de islamófobo", y esto a su vez, misteriosamente, "a lo que todos sabemos" (p. 219 —dirigiéndose, imagino, a los lectores habituales del boletín de la FAES—). Así, prosigue el profesor de Estudios Árabes e Islámicos (p. 220):
Es una grata sorpresa comprobar cómo poco a poco van apareciendo obras que teorizan sobre el islam desde una perspectiva ilustrada, liberal y sin complejos, en tanto nuestros arabistas siguen ensimismados en sus taifas, unos con su silencio acobardado y lamentable, otros encastillados en una permanente militancia proislámica que ha convertido muchas de nuestras universidades en laboratorios de antisemitismo.
Discurso este que abunda en la opinión de Rodríguez Magda (La España convertida al Islam, Madrid, 2006, p. 161) y de muchos otros, por supuesto, de que "el enemigo" islamista (o islamita a secas) se vale de "lobos disfrazados de corderos" (los conversos) para que una serie de "tontos útiles" (la izquierda, la progresía, "nuestros arabistas" —a excepción, es de suponer, de su director de tesis doctoral—, etc.) les abran de par en par las puertas de Troya. Cómo lo hacen, a quiénes exactamente y con qué efectos tangibles queda a la imaginación del lector. Ni una alusión, extrañamente, al único musulmán converso condenado en España por pertenencia a organización terrorista, militante del Partido Socialista Popular de Tierno Galván a finales de los 70 e interventor de Herri Batasuna en 1989 que durante su juicio, en 2005, elude condenar los atentados de ETA, y que desde Webislam (el órgano de expresión de Junta Islámica) es descrito como "víctima de las circunstancias" por Abdennur Prado (el mismo que en otra de sus páginas replica a Rodríguez Magda y uno de "los más destacados ideólogos del islam converso español, personajes curiosos, heterodoxos e inquietantes", según Buendía —p. 217—). Ni una alusión, como digo, ni a él, pese a tan propicia trayectoria, común además, siquiera en parte, a la de otros conversos, también provenientes de la izquierda, ni a su círculo (en el que tampoco falta, anecdótica, la conexión arabista), y extrañamente porque ese arte de tomar el rábano por las hojas que es la yihadología no suele dejar escapar ocasiones/excepciones como ésta.
 
Dos ejemplos de redacción del acta de conversión de un cristiano en Marruecos (en rojo, la fórmula relativa al cambio de nombre)
Sirva esta digresión, que tiene algo de sociológica, pero de lingüística más bien nada, de acicate y de exponente de las muchas posibilidades de un estudio que combine ambos enfoques, como el que vislumbra Suleiman, centrado en los conversos españoles. ¿Qué nombres adoptan e imponen a otros, cuando lo hacen, y por qué? ¿cuáles son sus principales referencias? ¿existen patrones distinguibles y quizá asociables a distintos motivos de conversión (cf. J. Lofland y N. Skonovd, "Conversion Motifs", Journal for the Scientific Study of Religion, 20, 4, 1981, p. 373-385)? ¿prima la ideología sobre la biografía y una fonética asequible sobre ambas? ¿cómo se pronuncian y transcriben los antropónimos elegidos? En definitiva, ¿qué nos dicen de los musulmanes nuevos españoles sus nombres en religión, si es que nos dicen algo?

19 de enero de 2014

A más moros, más ganancia

Inf.b —Este niño es moro. O sea, aparte de ser..., de ser moro, es moro, o sea en toda la extensión de la palabra y...

Inf.a —Bueno, se puede... se puede decir que es un defecto como otro cualquiera... ¡je, je!

Inf.b —Bueno, pero aparte de todo eso ¡je, je!, el chiquillo es árabe ¡je!

Inf.a —Más... más motivo, en la situación actual ¡je, je!
---Mark Davies, "Habla Culta: Madrid: M18", Corpus del Español: 100 million words, 1200s-1900s, 2002.

Me he referido a ello en Facebook, pero he pensado que ya simplemente el nombre de este blog y la profesión de morería de su autor justificaba de sobra dedicarle un espacio, también aquí, a la cuestión: un abogado de Reus, según publica la agencia EFE, ha pedido a la Real Academia Española que su diccionario recoja "la acepción racista" de la palabra 'moro' y no descarta además, según informa Cadena Ser, hacer lo propio con el Institut d'Estudis Catalans, cuyo diccionario tampoco la incluye.

Es de suponer que el letrado de la noticia, Hilal Tarkou, presidente de Watani (Asociación de Ciudadanos para la Convivencia y el Desarrollo —distinta de su homónima "para la Libertad y la Justicia", con sede en Lérida—), aspira a que el DRAE incluya una acepción similar a la que tenía 'judío' en anteriores ediciones del mismo, como en la de 1918 ("voz injuriosa que suele usar el vulgo"), o como aparece, aunque tímida, en el Diccionario de uso del español de María Moliner, donde se tiene por un sinónimo "algo despectivo" de musulmán, como 'yanqui' lo es de estadounidense, pero no tanto como 'gringo' o como 'franchute' o 'gabacho' lo son de francés. Tarkou, según se desprende de la carta que dirige al director de la RAE, parece confiar en que de ese modo prosperarían denuncias por injurias y otros delitos tipificados en el Código Penal como las que él ha formulado contra algunos caudillos de la ultraderecha local.

La primera duda que se plantea uno al respecto es, naturalmente, si llamar 'moro' a alguien, así a secas, entraña en efecto una injuria y, en particular, de aquellas que pueden "ser tenidas en el concepto público por graves", que son las únicas que constituyen delito según el art.º 208 del código vigente. En principio ninguna de las acepciones recogidas por el diccionario de la Academia, relativas a la procedencia geográfica o a la religión del individuo al que se aplica, hace pensarlo así, tanto más cuanto que la única claramente peyorativa que tiene la palabra en la actualidad, la de hombre celoso y posesivo, no figura entre ellas, quizá por ser en exceso reciente o debido a la propia tendencia de la Academia a ignorar las que tienen su origen en prejuicios (como la de "avaro, usurero" o la de "que se da maña para engañar a los demás" que tenían, respectivamente, las entradas 'judío' y 'gitano'). Distinto es, por supuesto, que haya quien considere que el hecho de ser "natural del África septentrional frontera a España" (1ª) o más bien el de profesar la religión islámica (3ª) son, en sí mismos, dignos de oprobio. Sucedería así con 'moro' lo que sucede con 'rojo' en su 4ª y 5ª acepción ("izquierdista, especialmente comunista"; "en la guerra civil española de 1936-39, republicano"): se trata, a diferencia de 'sudaca' o de 'facha', que el DRAE marca inequívocamente como despectivos, de palabras cuya capacidad de ofender reside no en su forma o significado, sino en que hay quien las emplea con dicha intención, como disfemismos, aunque existan otras derivadas y en nada ambiguas: moraco, moranco, moráncano, etc. "Moraco asqueroso", p. ej., era la expresión con que una voz en off se refería al premio Nobel egipcio Naguib Mahfouz (نجيب محفوظ) en el spot de una célebre campaña organizada en 1993 por once ONG y el Ministerio de Asuntos Sociales, bajo el lema "Democracia es igualdad". En el extremo contrario, el de la hipocresía y la pacatería, se encontraría el supuestamente atenuado pero no menos disfemístico morito, aplicado a adultos.

La propia etimología de la palabra es un buen ejemplo de esa connotación añadida. A decir de Stéphane Gsell (Histoire ancienne de l'Afrique du nord, V, París, 1927, p. 89), "il faut [...] rejeter l'étymologie qu'on a tirée du mot grec μαῦρος (pour ἀμαυρός), « obscur », et qu'on a prétendu expliquer par le teint foncé des indigénes", presente ya en un autor del s. I d.C. como Marco Manilio (Astronomicon Liber IV, v. 729-730) y recuperada más tarde por san Isidoro (Etymologiae, XIV, V, 10). "Sans avoir besoin d'autres arguments", prosigue el arqueólogo e historiador, "constatons que les Grecs disaient Μαυρούσιοι; ils n'ont adopté que par exception la forme Μαῦροι, d'après l'usage latin" (que retuvo, no obstante, la forma Maurusii). Un pasaje de Plinio el Viejo (Naturalis historia, V, 17) permite suponer que tanto una forma como la otra designaban a una tribu de la provincia tingitana que, al ser la principal en otro tiempo, había dado nombre a toda la región.

Con todo, que el término 'moro' no sea peyorativo sensu stricto no debería hacernos perder de vista que sí es, en cambio, bastante voluble, y que ni su uso es por fuerza inocuo (antes bien lo contrario), ni está siempre justificado, ni es preferible a otros o está a salvo de quedar obsoleto, como parece pensar Pérez-Reverte ("Los moros de la profesora", XL Semanal, 25.10.2010), en lo que resulta un llamamiento, entre epatante y cuartelero, al casticismo lingüístico y a formar el espíritu nacional (también, es de suponer, el de los otros "moros de la profesora", sus posibles alumnos de origen magrebí) en lugar de enseñar Historia. "Lo despectivo", dice este académico de la RAE, "no está en las palabras, sino en la intención con que éstas se utilizan", y si puede estar en lo cierto en el caso de 'moro', olvida que el propio diccionario de la Academia marca expresamente muchas otras como despectivas, dando por sentado que suele ser ésa, y no otra, "la intención del hablante"; pero sobre todo obvia que son las palabras, con más motivo en un texto, las que revelan las intenciones, y no al revés, aspecto en que el escritor se contradice: "Lo que va, por ejemplo, de decir español a decir español de mierda" es, ante todo, un sintagma nominal de más y, sólo a partir de ahí, "la buena o mala leche del usuario". Lo paradójico de quienes más defienden la idoneidad y, con bastante menos convicción, la inocuidad de la palabra es que suelen aportar, al mismo tiempo, los mejores ejemplos en contra. "No hay nadie en España, en una conversación normal", sentencia Pérez-Reverte, "excepto que sea político o sea gilipollas [...], que no llame moros a los moros", y poco importa, se nos viene a decir, que el término pueda ser, en el mejor de los casos, "algo despectivo", tal y como se indica, ya lo mencionaba arriba, en el diccionario de Moliner, o suene a tal, como observa la Fundación del Español Urgente, al menos en el español de España (no así en el de América, donde el moro, dice Hernán G.H. Taboada —"La sombra del Oriente en la independencia americana", en Silvia Nagy-Zekmi, Moros en la costa: orientalismo en Latinoamérica, Madrid, p. 25— "había desaparecido del imaginario" ya a comienzos del XIX, cuando Humboldt, en su Voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent —París, 1814-1825, I, p. 349—, advierte que "les souvenirs nationaux s'éffacent insensiblement", y que aquellos que se conservan, como los de don Pelayo o El Cid Campeador, "semblables aux fantômes de l'imagination, ne se rattachent plus ni à un temps, ni à un lieu déterminé" y pertenecen "au vague des temps fabuleux"). Poco importa, en fin, puesto que el DRAE da carta blanca y las intenciones son, a lo que se ve, lingüísticamente insondables. Cuando al prójimo se le distancia adrede, tildándolo de irrecíproco, atávico, etc., molestarle gratuitamente es, habrá que concluir, un derecho casi constitucional, un ejercicio de libertad irrenunciable.
Uso de 'musulmán', 'moro', etc., en textos en español entre 1800 y 2000 - Google Ngram Viewer
¿Qué hacer, en definitiva, con 'moro'? ¿serviría de algo, salvo para cumplir mejor con su misión, que la Real Academia, desdiciendo al titular de su sillón T (y quién sabe a cuántos más), admitiera que en España tiene un uso coloquial despectivo en grado por determinar?

En mi opinión, y el nombre de este blog es un ejemplo de ello, 'moro' es una voz de la que conviene reapropiarse:
By taking a formerly negative group label, a label used by advantaged out-groups to demean and derogate the stigmatized in-group, and by using it to refer positively to one's self and one's group, the connotative meaning of the label is challenged. It is this challenge to the status quo, the renegotiation of meaning, that is at the heart of social creativity and reappropriation. While this challenge may deflect the sting of the label on an individual basis, the true power of reappropriation can be shown when the group at large reappropriates a label, potentially forcing a larger cultural shift in the meaning of the label, and potentially in the social standing of the group. Reappropriation may not only allow groups to revalue stigmatizing labels and ultimately their social identities, but also to retain one of the benefits of stigma, namely a sense of distinctiveness; thus, reappropriation can maximize both relative status and relative distinctiveness.
---A.D. Galinsky, K. Hugenberg, C. Groom y G. Bodenhausen, "The Reappropiation of Stigmatizing Labels: Implications for Social Identity", Research on Managing Groups and Teams, 5, 2003, p. 221-256, p. 251.

Una voz que conviene asumir, es decir, siquiera a modo de quiebro ante el ánimo de ofender, de resistencia sociolingüística, sin desentenderse por ello de una pedagogía que enseñe a emplearla con conocimiento de causa y disipe la tentación, no ya de "desterrarla de nuestra lengua" como teme Pérez-Reverte, harto improbable, sino de disfrazarla; pedagogía de la que, obviamente, se es incapaz desde una percepción retrógrada de lo que es ser y hablar español. Se me dirá, y con razón, que no es fácil, pero quién mejor que una persona pública como Tarkou para tratar de dar ejemplo, aparte de que "a más moros, más ganancia", como dice el DRAE.

16 de enero de 2013

Un asunto liviano

Entre las traducciones con que Nabil Matar adereza su interesantísimo estudio titulado Europe Through Arab Eyes. 1578-1727 (Nueva York, 2009) se encuentra la de la carta (p. 236-7) que a comienzos de 1717 (Matar apunta "January 12", pero mis cálculos dicen que corresponde más bien al día 4) dirigió a Felipe V («فليب كينط» en el original) el sultán Muley Ismael (مولاي إسماعيل), cuyo original y transcripción se encuentra en la obra Vergel para conocer las hazañas de nuestro señor Ismael Ben Xerif (روضة التعريف بمفاخر مولانا إسماعيل بن الشريف، تحقيق عبد الوهاب بنمنصور، 2007، ص. 133-135) de Muhammad Al-Yafrani el Pequeño (محمد الصغير اليفرني), nacido en Marrakech hacia 1669 y fallecido en la misma ciudad no antes de 1742. El motivo de esta real misiva era solicitar al "tirano [طاغية] de Castilla, León, Aragón, Vizcaya, Galicia, la Andalucía oriental y occidental, las Indias, etc." que impusiera su criterio al de la Inquisición, conforme al cual se pretendía impedir a un agente suyo y a su séquito, por ser judíos, la entrada y estancia en Cádiz:
Habéis de saber que hace pocos días enviamos a Cádiz a uno de los judíos que se ocupan en nuestro lugar de los imperativos de los asuntos mundanos, para que nos hiciera allí unas diligencias, de nombre Simón Toledano [سيمون ضلضان, "Daniel" según Matar, p. 236], y con él a seis judíos que le sirven, portando un despacho nuestro a la atención de vuestro siervo, el que conferencia por vos en la ciudad de Cádiz. En él le referíamos que dejase al dicho judío transitar algunos días, los justos para llevar a cabo nuestras bienaventuradas gestiones, contando por nuestra parte con que era un asunto liviano que no acarreaba complicación ni hacer fuerza alguna; pero he aquí que de su dictamen resultaba que carecía de potestad para ello, y que de tenerla lo habría hecho, más aquello dependía de otro Consejo que allí denomináis la Inquisición [الإنكسسيون]. Es por ello por lo que os escribimos, puesto que sois soberano, y porque todo allá ha de remitirse a vos por necesidad.
Tercia así el sultán o quien parece actuar en su nombre, según reza la carta al pie: "Por orden de Su Majestad Cesárea. Mohamed El-Andalus", probablemente el mismo "Cidi Achmet el Andalousi Renegat Espagnol, Medecin & Secretaire du Roy de Maroc [...] qui servoit d'Interprete", mencionado en fuentes como la Relation atribuida al trinitario Dominique Busnot (1724, p. 12, 77), y "autrefois dit Laureano qui étoit son nom Espagnol", según este mismo redentor de cautivos en su Histoire du règne de Mouley Ismael (1714, p. 20). Y llegado a este punto, pasa a objetar a la razón misma del veto:
Cuanto al parecer de las gentes del Consejo de la Inquisición, de que el trato con los judíos corrompe las creencias del común, si hubiéramos tenido nos noticia de tal cosa por su parte, no habríamos dejado quien de ellos lo mencionara [لو علمنا نحن ذلك منهم لا تركنا منهم ذاكره], pues cuando el hombre escoge para sí la ley que profesa, no le hacen estrago en ella las creencias postreras. Pese a lo cual, si no hay más remedio, que les asignen un hombre juicioso de entre las gentes del dicho Consejo, que los acompañe y escolte en su recorrido, con tal que no hablen con nadie del pueblo llano de asuntos de su fe, como sea que acostumbren con ellos. 
Donde, si la intención es clara, no así parte de su expresión, al menos para mí, que la he incluido entre corchetes y traducido aquí en cursiva, y que Matar sortea con un "if that had been true, we would not have permitted them among us" (p. 237) más intuitivo que libre, a mi modesto entender, a no ser que haya interpretado ذاكره como ذاكرة y esto, a su vez, como "memoria", aunque no en el sentido de 'facultad psíquica', sino de 'recuerdo', que tiene tanto en inglés como en español, pero probablemente no en el árabe de la época; aparte de considerar que la tercera persona del plural hace referencia constante a los judíos, y no a los del Santo Oficio o al pueblo llano. Sea cual sea el traslado de esa apódosis, incluso un incierto "no habríamos dejado memoria de ellos", resulta evidente que, para la corte de Mequinez, el trato con judíos distaba mucho de suponer un riesgo para la fe (véase, p. ej., Leïla Maziane, "Les juifs marocains sous les premiers sultans 'alawites", Entre el Islam y Occidente. Los judíos magrebíes en la Edad Moderna, 2003, p. 303-316), como tampoco lo era, en otros tiempos, para los Reyes Católicos o la Corona de Aragón.

Más desconcertante es tal vez, para el traductor, la réplica del sultán de que una religión no mueve a otra, y no por falta de claridad en la expresión, que es meridiana («الانسان اذا اختار لنفسه دينه لا تفسده له العقائد الحادثة»), sino por el hecho de que un par de décadas antes, en 1698, Muley Ismael no parecía creerlo así. Es en esa fecha cuando dirige una carta a Jacobo II, "el tirano de los ingleses" exiliado en Francia («طاغية الانجليز القاطن  ببلاد الفرنسيس يعقوب المسمى بلسانهم جامس», v. Henry de Castries, Moulay Ismaïl et Jacques II, 1903, p. 121) para plantearle dos cuestiones, dice: una piadosa: invitarlo a que se convierta al islam; y otra mundana: aconsejarle que si, después de todo, quería continuar en la religión de los infieles, volviera al menos a la de su pueblo (es decir, al anglicanismo), que le sería "más leve y cómoda que adorar a la cruz y seguir a quienes otorgan un hijo a Dios pero privan a sus monjes de tenerlos" (p. 126), en alusión al catolicismo que había abrazado años atrás. "Me espanta", dirá el sultán, según me aventuro a leer en una segunda carta con la misma data que parece resumir en español la anterior, y que De Castries ofrece en facsímil (Pl. V) y traduce al francés (p. 101), "que ya que dejasteis la ley de vuestros padres fuese para apeorarse, no para mejorarse de ley, hecho que me ha obligado, causándome lástima, a escribiros para que espiritualmente mejoréis de ley"; sentimiento que parecía haberlo guiado a menudo, como en el epílogo de cierta prédica suya a los mercedarios de Mequinez (en J.G. Dubois-Fontanelle, Anecdotes africaines, 1775, p. 30):
Si vous êtes des opiniâtres, tant pis pour vous. Nous sommes tous enfants d'Adam, et par conséquent frères. Il n'y a que la religion qui met de la différence entre nous. C'est donc en qualité de frère, et en obéissant aux commandements de ma loi, que je vous avertis charitablement que la vraie religion est celle de Mahomet [...]. Je vous donne cet avis pour la décharge de ma conscience, et pour être en droit de vous accuser au grand jour du jugement. 
Y que extraña en aquél que "les voyageurs et les agents chrétiens", como recuerda De Castries, "ont représenté comme un despote cruel, avide, débauché, ne pratiquant sa religion que par hypocresie" (p. 16), con una finalidad a veces transparente, como en la Mission historial de Marruecos de Francisco de San Juan del Puerto, guardián del convento franciscano de Mequinez (Sevilla, 1708, p. 69):
He dado aquí una epilogada noticia de las crueldades que pasan a ser pasiones identificadas con la naturaleza de los moros, ejecutadas en los de su misma religión, para que se infieran las con que atormentarán a los pobres cristianos, cuyo nombre totalmente aborrecen: y si el hipérbole tiene construcción, bien se puede decir que ni su África abortó dipsas, ni la Hircania abrigó fieras, ni la Libia amparó sierpes más venenosas que lo son los moros, que aunque están disfrazados de humanos, sólo parecen en sus ferocidades unos hombres o pintados o mentidos.
Aun cuando algunos desenlaces contradicen abiertamente la tesis, como en el capítulo XIX de esta obra, en que el escrito de uno de los frailes en respuesta a una controversia con su profesor de árabe, "un viejo de más de ochenta años, morisco de los expulsos de España, llamado Braham Tello, nacido en Hornachos, lugar de la Extremadura [...] hombre de claro ingenio, de bien madura capacidad" (ídem, p. 489), conduce al convento entero ante la justicia, y a la intercesión del sultán, al que el morisco y "sus moros sátrapas", añade este calificador del Santo Oficio, tenían "por relajado y nada celoso de su Alcorán, y muy amante de los religiosos; fundamentos que les dio motivo para decir que también era cristiano" (p. 491-3):
El Rey, por la publicidad del acto, prometió la venganza en un horroroso castigo. Pidió el cuaderno y lo entregó a un renegado francés muy su privado, y hombre muy advertido, para que con la mayor propiedad se lo trasladase en arábigo [...]. Tomolo el Rey, y por sus cláusulas conoció que era una respuesta que suponía preguntas [...]. No obstante envió un recado a los religiosos [...] preguntándoles que a qué fin habían venido a sus tierras, si a curar y a asistir a los cautivos o a predicar y litigar con los moros las religiones. [...]
Con la respuesta confirmó el Rey el juicio que había hecho del cartapacio, y llamó al cadí en presencia de los alcaides mismos, que le había dado el cuaderno, y le dijo que si los moros provocaban a los cristianos, que cómo no habían de responder unos desatinos semejantes. Que qué quería qué dijesen si les vituperaban su Ley. Que sólo merecía el castigo el moro que los había provocado, que mirara en esta su posición, si en buena justicia podía él castigar a unos hombres que libremente debajo de su real palabra había admitido en sus reinos, permitiéndoles el uso de su religión. [...] Enterado del caso declaró el cadí que eran los frailes libres de la pena, por haber sido provocados; pero se decretó que de allí en adelante ningún moro se entrometiese con ellos en disputas, pena de la vida, y que si los frailes los admitiesen, que fuesen expulsos.
Cínico o apologista escarmentado, pero convencido seguramente de no hacer mella en el Animoso con su alegato sobre la constancia de la fe, Muley Ismael concluye su carta aduciendo un argumento de reciprocidad, tan mundano, en definitiva, como aquel consejo suyo a Jacobo II:
Acaso no sepáis que en nuestro dichoso Estado tenemos cristianos, frailes, iglesias y lugares en los que faltan a la fe, como suelen, con sus cruces, ídolos y la suma de cuanto requieren que haya en sus templos; de todo lo cual abominamos en nuestra religión y que les hemos permitido por el buen tratamiento que otrora nos dispensaron vuestros antepasados. Por ello nos gustaría que en compensación autorizaseis a dicho protegido [ذمي] a entrar en la ciudad de Cádiz y a establecerse en ella unos dos o tres meses hasta que concluya nuestros negocios sin que se le haga estorbo; que por nuestra parte se dará cumplimiento a cuanto menester os surja, de los que son lícitos en nuestro feliz Estado, con la ayuda y poder de Dios. Fin. Dada el veinte de muharram, comienzo del año mil ciento veintinueve [4 de enero de 1717].

4 de julio de 2012

La lengua materna no es un problema

Me pregunta Isaac, asiduo de este blog, si estoy al tanto de la polémica acerca del reconocimiento de la dariya (الدارجة) en Ceuta. No es una cuestión que conozca de cerca, pero sí es verdad que llevo algún tiempo prestándole cierta atención, desde que el pasado mes de febrero estuvo en candelero la propuesta de la coalición Caballas de crear "la Academia del Árabe Ceutí", y a propósito también de la presentación en el V Congreso Internacional de Árabe Marroquí, el pasado mes de abril, de una ponencia titulada "El árabe de Ceuta. Argumentos para su cooficialidad", de la que es autor Francisco Moscoso, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en árabe marroquí, y con "el fondo" de cuyos argumentos se alinea Caballas, en palabras de su portavoz, aunque la coalición no haya "apostado nunca por la cooficialidad del árabe, algo que habría que debatir y analizar entre todos".

A continuación retomo algunas de las reflexiones que ya hice en aquellas fechas a través de SEEA-L, la lista de correo-e de la Sociedad Española de Estudios Árabes.

2 de mayo de 2012

Falta de crédito

El pasado 25 de abril, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) hizo pública una resolución por la que, "debido a la falta de crédito suficiente", se deja sin efecto la convocatoria de más de un centenar y medio de lectorados para el curso 2012-2013, "lo que representa", dice El País, "la mayoría de puestos del programa (211)" y, en cualquier caso, todos los que había en países árabes, veinticinco en total: Argelia (4), Egipto (4), Jordania (3), Líbano (1), Marruecos (5), Mauritania (2), Palestina (3) y Túnez (3). En cambio se mantienen los de países desarrollados o emergentes como Australia, Brasil, Canadá, China, EE.UU., e India.

En 1997, gobernando el Partido Popular, era yo lector en Túnez, y aún recuerdo cómo me sorprendió que de la convocatoria del 96 a la de aquel año la cuantía mensual de la beca ("la ayuda" según el BOE) aumentara en un 60%, como por arte de birlibirloque, pasando de 125.000 a 200.000 pesetas. Seguían pagándonos por trimestre vencido, eso sí, pero nos pagaban más al fin y al cabo. Recuerdo también la visita de Aznar a Túnez, casi un año después, y la recepción que se organizó en la residencia del embajador en Gammarth (قمرت). Eran tiempos felices... Aznar había quitado la mili y no era aún el de las Azores (aunque su gobierno ya apuntaba maneras). A punto de estrecharle la mano durante la ronda de saludos en el jardín, yo bromeaba con otra becaria que tenía a mi izquierda, barcelonesa para más señas, susurrándole que se dirigiera a él en catalán, a propósito de aquello que había dicho años antes en TV3: que lo hablaba "en círculos reducidos, no muy amplios", como el corro que formábamos... "Becarios", le comentó el embajador al aproximarse, y cuando nos saludó y se enteró por ella (encara que en castellà finalment) de que varios estábamos allí compaginando el estudio del árabe con la enseñanza del español, dijo: "Ah, eso es muy importante", o algo parecido, y continuó con la ronda.

No sabría precisar, más allá de lo obvio, de qué modo va a afectar este nuevo recorte a la enseñanza y difusión del español, y a la propia imagen de España en estos países. Son las universidades y los departamentos afectados, los propios lectores y sus colegas, quienes mejor podrán decirlo. Para mí personalmente ser lector era la fórmula ideal para continuar aprendiendo (y en muchos aspectos comenzar a hacerlo) una vez terminada la carrera. Lo fui en Túnez durante tres cursos, y uno solo en Teherán por cancelación de la plaza, tras lo cual aún quise serlo en Bagdad.

Pese a lo que alguien comentaba en El País, dudo que para ser lector jamás haya sido "imprescindible hablar árabe (y hablarlo de verdad)". No lo era en 1996, cuando bastaba con "ser licenciado en Filología" y "acreditar conocimientos de árabe, además de inglés o francés, según el país de destino", de manera que los lectorados estaban al alcance de cualquier titulado en Filología árabe (de hecho en más de una convocatoria, como en la del curso 1998/99, era requisito serlo), incluso de los menos brillantes; y tampoco parece que lo haya sido después, a juzgar por las distintas convocatorias publicadas en el BOE ("conocimientos del idioma oficial del país solicitado, o de otro habitualmente aceptado en él como de comunicación universitaria", requería la última y anteriores). De lo que no cabe duda, salvo que uno comparta la opinión del ministro Wert sobre lo que él denomina "aventuras de turismo lingüístico", es de que los lectorados eran hasta ahora la mejor oportunidad de ampliar esos imprecisos conocimientos, a la vez que se adquiría experiencia en otros terrenos, sobre todo en el de la enseñanza del español como lengua extranjera (ELE), pero también en el de la cooperación internacional, la gestión cultural, etc., como venía sucediendo ya desde los años 50 del siglo pasado:
La figura del lector de español fue una pieza central en dicha política que no se hubiese podido llevar a cabo sin la participación de jóvenes recién licenciados que actuaron como motores de la política cultural española. Estos jóvenes, sin experiencia previa en muchos casos, tuvieron que hacer frente, no solo a la docencia del español en los centros culturales y en las universidades, sino que, además, tuvieron que desarrollar un plan de trabajo de difusión cultural a través de conferencias, exposiciones, celebración de festivales, etc. La labor desarrollada por los lectores, con escasos recursos a su disposición, supuso la puesta en contacto con una sociedad que ha contribuido a la formación de una comunidad intelectual española de consolidados arabistas.
---Irene González González, "Los centros culturales en el mundo árabe: actores de la política exterior española (1954-1967)", Ayeres en discusión. Temas clave de Historia Contemporánea hoy. IX Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, Murcia, 17, 18 y 19 de septiembre de 2008, Facultad de Letras, Universidad de Murcia, p. 17.

González menciona a José Vázquez Ruiz, Julio Cortés, Primitivo Martínez Mateo, Pedro Martínez Montávez, Joaquín Vallvé, Federico Corriente, Rodolfo Gil Grimau y Julio Samsó, pero han sido muchos más los que antes o después, de un modo u otro, han tomado parte en la misma tarea. Paradójicamente serán las últimas convocatorias, de 2009 a esta parte, las primeras en reconocer como uno de los objetivos y finalidades de la subvención el de "contribuir a la formación de futuros especialistas españoles en las distintas lenguas extranjeras y a profesionales de la enseñanza del español como lengua extranjera".

Que hemos ido hacia atrás, sin embargo, parece evidente si se considera que esta suspensión sobreviene tras la desaparición en febrero de siete lectorados (sin contar los seis de Siria, cancelados por razones obvias) con respecto a la convocatoria de 2011, y tras la desaparición también de las becas MAEC-AECID del programa I-A, que permitían a licenciados y doctores españoles realizar estudios en universidades y centros árabes (ya en 2001, por cierto, otro gobierno del PP hizo algo similar); e igualmente si se atiende al hecho de que muchos centros del Instituto Cervantes en países árabes llevan años valiéndose oficiosamente de becarios españoles de paso para cubrir sus necesidades de profesorado, cuando podría hacerse de la necesidad virtud oficialmente, en forma de becas, convenios de prácticas con universidades, etc. Y qué decir del proyecto aquel de "formación de arabistas españoles" que contemplaba el Plan Nacional del Reino de España para la Alianza de Civilizaciones, aprobado en 2008, y que no pasó de ser letra muerta.

Como profesor de Lengua C en Traducción e Interpretación, raro ha sido el año que no le he recomendado a más de un alumno, interesado en continuar estudiando árabe, que solicite un lectorado. A los de esta promoción tendré que decirles que crucen los dedos y confíen en que las convocatorias se reanuden en 2013; o que actúen, si lo creen oportuno, para que la falta de crédito (si es que el problema es ése) se palíe con mejor criterio y repercuta antes en gastos mucho más (s)untuosos.

31 de diciembre de 2011

Tres o cuatro años

Para despedir el 2011 y recibir el nuevo año, con mis mejores deseos para quienes disfrutan de este anís moruno, una cita de hace 400 años:
[...] Por más que digan y encarezcan los aficionados a esta lengua que en espacio de tres o cuatro años se aprenderá consumadamente, parece imposible que los cristianos la podamos estudiar con tanta facilidad: pues como confiesan los mismos que esforzaban esta causa: de setenta años a esta parte, no ha habido uno bastantemente docto en esta lengua, en las letras sagradas, habiendo muchos gallardos ingenios y varones muy letrados procurado de veras el estudiarla: y Nicolao Clenardo, el que compuso el arte griega, que se inclinó a esto, con ser tan fácil en el estudio de las lenguas, le costó esta mucho trabajo y peregrinaciones, y gastó en ello la vida, sin que pudiese coger el fruto de su trabajo, pues de su tierra vino a Granada, para estudiarla de veras, y confutar esta malvada secta, y no hallando maestros a su gusto, pasó a África, y la estudió en Fez, y volviendo ya bastantemente instruido en ella, murió en la Alhambra de Granada. Pues, si para que este varón tuviese noticia de esta lengua fue necesario gastar en ello buena parte de su vida, y habiendo pasado ya tantos años no hallaba maestros idóneos; ¿cómo se estudiaría ahora con la facilidad que se representa? El P. Ignacio de las Casas, de la compañía de Jesús, que desde niño supo la lengua vulgar arábiga por el comercio que tuvo con los moros de Granada, y después toda la vida le duró el estudio y la afición a esta lengua por el grande celo que tuvo del bien de estas almas, y después la estudió en el Oriente, adonde fue por orden de la Sede Apostólica; con todo confiesa de sí que no llegaba su saber a poder escribir en esta lengua. ¿Pues cómo será posible aprenderla los demás en tres años, sino fuese ya muy bárbara y rústicamente?
---Damián Fonseca, Iusta expulsión de los moriscos de España, Roma, 1612, p. 457.

3 de junio de 2011

Islamismus fugit historiae lumen dum fulget Iberis

Bien que al poco tiempo se les cae el alma a los pies, y se evaporan las arrobadoras ilusiones, al contacto de la suciedad real, y nace, por reacción en el alma, el desprecio a todo lo que se relaciona con los mentecatos moros. [...] Ese tránsito de sentimientos opuestos, no es raro que lo sufran los propios arabistas.
---Julián Ribera, "Más sobre Marruecos", Revista de Aragón, III (1902), p. 88.
Entusiasta admirador, durante su juventud, de la cultura arábiga, modificó luego estas ideas, poniendo verdadero empeño en demostrar que la literatura y las artes de los árabes nada tienen de original [...].

Allá, en su fuero interno, juzgaba como cosa igual a los déspotas y sanguinarios sultanes mahometanos y a los corifeos del liberalismo a quienes llamaba los modernos sarracénicos, creyendo de buena fe que España no había dejado de estar bajo el yugo musulmán, y que los jefes de los actuales partidos liberales eran legítimos sucesores de los antiguos reyezuelos de Taifas. 
---Antonio Almagro Cárdenas, Biografía del doctor d. Francisco Javier Simonet, catedrático que fue de lengua árabe en la Universidad de Granada, Granada, 1904, p. 75-76.

Emblema de la RAH ("Nox fugit historiae lumen dum fulget iberis.")
En El País parecen haber descubierto que hay en España una institución académica rancia ("anclada", dicen, "en la Historia"), cuya labor se ve comprometida a veces por la ideología política, y donde existen cargos vitalicios y una presencia oficial, protocolaria cuando menos, de la Iglesia Católica. Por momentos se diría que están hablando de algunas universidades públicas, pero no, se trata de la Real Academia de la Historia (RAH).

2 de abril de 2011

El traje nuevo del césar

Camisa talismán de Murad III, en
Hülya Tezcan, Tılsımlı Gömlekler, 2011
Dice César Vidal, conocido histeriador y comentarista, a propósito de un artículo publicado en The New York Times ("In Troubled Spain, Boom Times for Foreign Languages"), que "en la Universidad [española] —que debería dar ejemplo— los profesores políglotas brillan por su ausencia", a diferencia de él, que según El Mundo "habla ocho idiomas y traduce 16" (me pregunto si aparte o contando los ocho primeros y, en cualquiera de los casos, qué ha de entenderse en él por hablar y traducir); y para rematar añade, volviéndose a los arabistas, que conoce a "más de uno que más allá de la Alianza de civilizaciones no sabe nada de nada". Y lo decía ayer, primero de abril, en que distintos países (y algún que otro espabilado) celebraban su día de los Inocentes, como los anglosajones, p. ej., el llamado April Fools' day.

Hipérboles aparte, acierta el comentarista, y al César lo que es del César, al insinuar que hay arabistas que no saben árabe, es decir, hablarlo, que es como haber estudiado solfeo, saberse cuántas teclas tiene un piano y a qué nota corresponde cada una, pero no pasar de tocar en él los compases iniciales del Para Elisa de Beethoven, y aun eso con el tempo cambiado. Fácilmente se comprenderá que un pianista así puede estar en condiciones de escribir una biografía del compositor alemán o de editar una partitura suya desconocida, y que está en su derecho de amar a Satie o detestarlo, pero que en ningún caso debería dar un concierto (cosa que, si es mínimamente cuerdo, se guardará de hacer) y, sobre todo, ser profesor de piano en un conservatorio, como sí sucede sin embargo en el caso del árabe, sin que nadie (en apariencia) eche en falta la música o sea tildado de indocente.

13 de febrero de 2011

Pese a haber entre nosotros excelentes arabistas

"Gadafi participará en una manifestación popular para derrocar a su propio gobierno"
Aldaronline, 13.02.2011.
Lo dice hoy José María Carrascal ("periodista español de línea conservadora", según la Wikipedia) en un burdo ejercicio de nosotrismo publicado en ABC ("El Ejército al poder"):
Lo único que sabemos es que algo ha empezado a moverse en el mundo árabe, un mundo que nos es mucho más ajeno de los [sic] que pensamos, pese a haber entre nosotros excelentes arabistas. Pero la inmensa mayoría de ellos, por no hablar ya de los enviados de prensa, toman contacto con sólo un fragmento selecto de aquella población, por lo que la idea que transmiten de ella es ínfima.
Burdo, digo, pero interesante por su contradictoria alusión a un arabismo excelente y a la vez incapaz; incapacidad que en la formulación de Carrascal, dependiendo de cómo haya que entender aquí el adjetivo "selecto", no podemos saber si responde a una perogrullada (que nadie, ni arabista ni corresponsal, puede llegar a tener contacto con los suficientes millones de árabes como para saber "lo que quieren, sienten y piensan" —aunque pueda intentarse a través de encuestas—) o al hecho de que, efectivamente, la "inmensa mayoría" de los arabistas raramente se codea con "campesinos analfabetos", con "gentes que viven con euro y medio al día" o con "los que tienen que emigrar a Europa".

Intuyo que Carrascal no pretende ofender a nadie (entiéndase, a ningún compatriota), ni siquiera a sus colegas, sino hacernos ver que el mundo árabe nos es, en efecto, mucho más ajeno de lo que pensamos, y que, de hecho, no puede ser de otra manera, por más que algunos de los nuestros, los arabistas, sean excelentes en su dedicación a la entelequia. A él, en cambio, le basta con ver a los hijos y nietos de los inmigrantes árabes "mantener sus costumbres en los guetos de las ciudades europeas" para dudar de que tengan "el mismo concepto de la democracia que nosotros". Qué no descubrirá este hombre el día que hable con alguno (qué digo, con todos y cada uno) de ellos o dé rienda suelta al orientalista que hay en él.

Pero si saco a colación a Carrascal no es, obviamente, por todo aquello que duda o que dice no saber (ni él ni los demás), sino a propósito de esos arabistas excelentes que "toman contacto con sólo un fragmento selecto" de los árabes, y de otro artículo que me ha venido a la mente, antiguo ya, que publicó el corresponsal Juan Cierco en el mismo ABC con el título "Cordura, por favor" (26.07.2006):
Hablar por hablar. Sin conocimiento de causa. Sin vergüenza torera. Sin haber pisado nunca Oriente Próximo. Sin entender inglés. Con escasas nociones de francés. Mucho menos hebreo. Qué decir del árabe.

[...] Confieso que me asusta el nivel de los políticos, de los columnistas, de los compañeros de profesión, de los embajadores y Embajadas que te señalan con el dedo, de los pacifistas que empuñan las armas del insulto, de los arabistas que odian a los árabes, de los sesudos analistas de los centros de estudios estratégicos que con tanta estrategia apenas tienen tiempo para estudiar.

Si de todo opinan, si en todo actúan, si de todo saben como lo que saben de Oriente Próximo deberíamos echarnos a temblar.
De que el contacto lo da el idioma, y viceversa, no me cabe la menor duda. En cuanto a la cordura, va a tener razón la etimología.

1 de enero de 2011

Dichoso 711

Vista del patio árabe del Casino de Murcia, 2010.
Eo tempore gens sarracenorum in loco qui Septem dicitur ex Africa transferentes universam Spaniam invarerunt.
---Pablo el Diácono (c. 720-800), Historia langobardorum, 6, 46.

No, el título de la entrada no es un error: en este año 2011 que comienza se conmemora el milésimo tricentésimo aniversario del inicio oficial de lo que en árabe suele denominarse فتح الأندلس, la conquista de Al-Ándalus, y no sería de extrañar que, con este motivo, al "olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido" de Olagüe le salgan, como al de Machado, "algunas hojas verdes"... más; prueba, como decía en otra parte, de que continúa habiendo un Al-Ándalus indigesto, intragable, cuyo único aderezo posible es la ficción.

Las incursiones de norteafricanos en la Península, por cierto, no eran nada nuevo. Ya hacia el último cuarto del s. II d.C. se había producido una bastante importante ("cum Mauri Hispanias prope omnes vastarent" dice la Vita Marci, 21, 1s, "res per legatos bene gestae sunt"). Tampoco habían de serlo, ya lo sabemos, las de peninsulares en el Norte de África, pero, quién sabe, quizá dentro de mil y pico años haya quien sostenga, p. ej., que O'Donnell jamás entró en Tetuán (ni hubo batalla de tal nombre, porque el estilo de Dalí no se conocía aún), que el desembarco de Alhucemas habría sido imposible con los medios de la época y que el protectorado español tuvo en realidad su origen en una adaptación transfretana, autóctona y espontánea de la fiesta de moros y cristianos, que por culpa del hachís y el alcohol de importación acabó saliéndose de madre en Annual. De ahí que a Franco (originalmente الافرنجي, por su pertenencia al bando de los "remendados") lo llamaran peregrino (الحاج فرانكو), y que su guardia, cómo no, fuera mora.

Todo encaja.

Feliz año nuevo, en fin, y que el 711 nos sea leve.

17 de noviembre de 2010

La cu sin la u, caca

Dice la 1ª edición del Diccionario panhispánico de dudas (DPD) de la Real Academia Española, de octubre de 2005, s.v. 'q', que
La q puede aparecer como letra independiente en la transcripción de nombres árabes, ya que es la grafía que debe usarse, según las normas de transcripción del alfabeto árabe al español, para representar la letra árabe llamada qāf: Iraq [irák], Qatar [katár].
De hecho 'Qatar' (sin tilde) era hasta ahora, según la misma edición, la "grafía recomendada para el nombre de este emirato situado en la península de Arabia", que corresponde al árabe قطر y que es, de hecho, la empleada por las autoridades de dicho país; al igual que lo era 'Iraq' (العراق), ídem. Pero a partir de la publicación de la nueva edición de la Ortografía de la lengua española, prevista para diciembre, lo correcto desde el punto de vista de la RAE será escribir Catar e Irak (y no 'Irac' o 'Iraque', como tal vez cabría esperar, o los castizos 'Aliraque' o 'Alireque' de los moriscos). El argumento es que el uso de la letra 'q' en palabras como éstas es incongruente con el habitual en español, en el que, en realidad, más que una letra lo que tenemos es un dígrafo (qu).

9 de julio de 2010

Arabismo a machamartillo

Estaba hojeando el Diccionario Akal de historiadores españoles contemporáneos (2002) y no he podido resistir la tentación de dejar constancia aquí de la "orientación política" (y en algunos casos religiosa, como se echa de ver) que atribuyen sus autores, Gonzalo Pasamar e Ignacio Peiró, a los arabistas españoles más renombrados del siglo pasado:

  • Francisco Codera y Zaidín (1836-1917): "Conservador, ferviente católico".
  • Julián Ribera y Tarragó (1858-1934): "Conservador, regeneracionista de cátedra y regionalista".
  • Miguel Asín Palacios (1871-1944): "Conservador y franquista".
  • Ángel González Palencia (1889-1949): "Católico, conservador y franquista".
  • José María Millás Vallicrosa (1897-1970): "Católico «a machamartillo» y franquista".
  • Emilio García Gómez (1905-1995): "Conservador y franquista. [...] Durante la transición acepta la monarquía". (En realidad, siempre habría sido monárquico.)
Algo de lo que ya hablé hace tiempo, por cierto, y que es de sobra conocido dentro y (como vemos) también fuera del gremio, aunque no por ello menos interesante.

11 de junio de 2010

Arabismo y torería

Asín era puntual. Minutos después de las once su figura emergía de la penumbra del claustro de Derecho. Le veo perfectamente avanzar, erguido, elegante, con un aire entre cardenal y torero, con las manos a la espalda sujetando los pliegues del manteo impecable, que aún no había sustituido por la dulleta.
---Emilio García Gómez, "En la jubilación de don Miguel Asín", Al-Andalus, 6 (1941), 2, p. 266.
En Don Emilio todo es y ha sido muy rápido. [...] "Como los toreros —dice—, he toreado los toros conforme salían del toril".
---Joaquín Vallvé, "El arabismo en la Universidad Complutense en el siglo XX", Catedráticos en la Academia, Académicos en la Universidad, 1995, p. 119.
Era vivo y ágil como una ardilla. Su mirada, penetrante como la de un lince; su voz, recia y grave, imponía respeto; sus respuestas, tajantes y rotundas, pero siempre su trato fue cordial y su conversación muy grata. A veces dejaba caer en momentos de mayor intimidad y con gestos muy expresivos: «A mí me hubiera gustado ser bailarín o torero, pero no me acompaña el tipo».
---Joaquín Vallvé, "Homenaje a don Emilio García Gómez", Revista del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, 28 (1996), p. 140.
El talante: aquella figura menuda y pulcra, de cumplido andar con algo de paso taurino en ruedo y gesto oratorio en tribuna, de espléndida voz sonora, profunda, modulada, de fonética exacta, lo poseía en caudal impresionante, le transminaba y a través de él transminaba.
---Pedro Martínez Montávez, "Evocación de un inolvidable maestro universitario", Revista del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, 28 (1996), p. 104.
Me dedico a estas cosas porque no he podido ser, ni director de orquesta sinfónica, una de mis grandes pasiones, ni torero, que era la segunda de mis grandes pasiones.
---Juan Pablo Arias, Manuel C. Feria y Salvador Peña, "Pedro Martínez Montávez. Entrevista realizada en la Facultad de Filosofía y Letras de Málaga en julio de 2000", Arabismo y traducción, Madrid, 2003, p. 134.

Actualización (11.07.2010)
Yo organicé y di un cursillo sobre la fiesta brava para los estudiantes árabes, pues una de mis dimensiones ha sido y es la preocupación por lo taurino como objeto profundo de reflexión cultural, y recuerdo que en alguna ocasión me cogía una muleta y un capote e intentaba enseñar al becario lo que era una verónica y una media verónica y un farol...
---Pedro Martínez Montávez, en Mercedes del Amo y María Isabel Lázaro, "El intelectual y su memoria: Pedro Martínez Montávez", Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, 52 (2003), 229-254, p. 241. 

7 de abril de 2010

Accusatio manifiesta

Cuando hacen falta sesudos estudios como éstos para concluir, poco más o menos, que los musulmanes de origen inmigrante que viven en España son gente tan (o tan poco) normal y corriente como los españoles, es que algo va mal, pero no en el caso de dichos musulmanes (quienes, obviamente, no necesitan que nadie les diga que son normales) sino en el de la población a la que van dirigidos estos tranquilizantes: los españoles de pura cepa, de toda la vida o, parafraseando a Houria Bouteldja, les hispano-souchiens. El mensaje es evidente: tranquilos, que son moros, pero de paz.

Entro en la página del Ministerio del Interior dedicada a las "Actividades de Integración y Capacitación de los Inmigrantes" y veo un apartado dedicado a la comunidad musulmana de origen inmigrante en España, pero ninguno, p. ej., sobre la protestante o la ortodoxa, ergo hay que suponer que, desde el punto de vista del Estado español, no hay motivo alguno para dudar de la integración de estas últimas, pero sí de la musulmana, porque...

¿Por qué? No se dice, no se dice por qué: se da por sentado, o se da por sentado que al ciudadano o bien no le interesa, o no se pregunta o no necesita saber si protestantes u ortodoxos están integrados; y ello sin entrar en la curiosa relación que se establece entre integración y confesión religiosa. ¿Y los inmigrantes aconfesionales? ¿se integran mejor? Y entre los católicos, ¿cuáles se integran mejor, los practicantes o los no practicantes? ¿o es que por el hecho de declararse católicos ya están todos lo bastante integrados?

¿Necesitamos nosotros también un gran debate sobre la identidad nacional? Los españoles, dice el artículo 14 de la Constitución, somos todos "iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social", pero, ¿y los extranjeros que viven en España?

Statistica non petita...

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