28 de enero de 2010

Pohádky tisíce a jedné noci

Volviendo a ver ahora, al cabo de años y años, Las mil y una noches en la versión animada de Karel Zeman (Pohádky tisíce a jedné noci, 1974), y a propósito de las ilustraciones del también animador Jiří Trnka para la adaptación de František Hrubín (Pohádky z Tisíce a jedné noci, 1956), me pregunto si esta iconografía miliunanochesca, tan de mi gusto, la da la tierra (es decir, la República Checa).
P.S.- 'Miliunanochesco' es voz acuñada, según parece, por Rubén Darío, que sentía verdadera fascinación por la obra, como refiere en "Joli Paris" (Parisiana, 1907), un artículo dedicado a la presencia del extravagante "cha de Persia, Mouzaffer-ed-Dine" (مظفر الدين شاه) en la ville lumière:  
Uno de los primeros libros que despertaron mi imaginación de niño: las Mil y una noches. Uno de los preferidos libros, que actualmente releo con invariable complacencia: las Mil y una noches. Antes leía la única versión española, aún más expurgada y traidora que la francesa de Galand; hoy me recreo con la literal de Mardrus, en su libertad de verbo y figura y su prestigio oriental, tan maravillosamente transpuesto.
Una fascinación, por otra parte, a la que da rienda suelta en su única experiencia orientalista, una visita a Tánger en 1904:
A pesar de las tiendas europeas, a pesar de la indumentaria de los turistas y vecinos europeos, el aspecto de la ciudad es completamente oriental. Me siento por primera vez en la atmósfera de una de mis más preferidas obras, las deliciosas narraciones que han regocijado y hecho soñar mi infancia, en español, y complacido y recreado más de una vez mis horas de hombre, en la incomparable y completa versión francesa del Dr. Madrus: Las mil Noches y una Noche. Es que tras esta mezcla de árabes, de moros, de kabilas [bereberes], de europeos, que constituye la población accesible, existe el misterio y la poesía de la verdadera vida de Oriente, tal como en los tiempos más remotos.

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