8 de enero de 2010

Dátiles de allí y de allá

Dedicado a Laila y Jesús, hablando de dátiles y de Tayeb Salih (الطيب صالح):
No es extraño que Túnez, hermosa, que ha alumbrado entre otros a Mahmoud Messadi [محمود المسعدي], escritor inigualable, autor de La presa [السد], haya alumbrado un gran talento novelístico como el de Béchir Khraïef [البشير خريف], autor de la novela Los dátiles en sus racimos [الدڤلة في عراجينها].

Esta novela sin igual la leí por primera vez hace más de diez años. Me la había recomendado el prolífico poeta egipcio Abdel Rahman El-Abnudi [عبد الرحمن الأبنودي]. Como yo, es un enamorado de Túnez, que ha visitado varias veces, y donde trabajó con el profesor Tahar Guiga [الطاهر قيقة] en la recopilación de la epopeya de los hilalíes. Y es también, como yo, de origen y querencia sureña, oriundo del Alto Egipcio, cerca de Asuán, que, tal vez por el entorno y el sentimiento, está más cerca de la región del Norte de Sudán a la que yo pertenezco, que a la del Delta, en el Norte de Egipto. Esa franja sudoccidental que reposa como un chal sobre el hombro izquierdo de África, rodeándola por la cintura y extendiéndose a través del Hijaz hasta Yemen. Por ello, el que lee la poesía de El-Abnudi, me lee a mí y lee a Béchir Khraïef, descubre que los tres bebemos de un mismo y único pozo.

Este mundo del Jérid en el Sur de Túnez es un mundo que le suena a uno, pero que ha olvidado, al menos en algunos de sus detalles, como se olvida a unos primos que han emigrado, se han establecido lejos y se ha dejado de saber de ellos. Una de las virtudes de esta novela, como de todas las grandes obras, es que le hace a uno recordar constantemente. Se trata de un mundo que el escritor presenta así en las primeras páginas de la novela:
«La mayor parte de las tierras de Dios se abastecen por diversos medios, propios y ajenos. Las recorren sus gentes y otros que van de paso o cubriendo una etapa hacia otro lugar, y llegan a ella desde todas partes y por todos los motivos. Pero el Jérid está en el último punto al suroeste del territorio tunecino, como una vivienda en un callejón sin salida a la que sólo llega el que va buscándola, y no hay más recurso que la palmera, ese árbol bendito que no se parece a ningún otro y que, en cambio, tanto se parece al ser humano. »
---Tayeb Salih, "Prólogo", en Béchir Khraïef, Los dátiles en sus racimos (الطيب صالح، مقدمة / البشير خريف، الدڤلة في عراجينها، تونس، دار الجنوب للنشر، 1990).

Los dátiles en sus racimos es una joya de la literatura tunecina que bien merece una traducción (yo empecé hace años pero no llegué muy lejos, aunque no descarto retomar la tarea). Existe una versión en francés, pero con importantes omisiones como ha señalado Jean Fontaine ("Sur la traduction de «La Terre des passions brûlées» de Béchir Khraïef par Hedi Djebnoun et Assia Djebar", Revue IBLA, 160, 2, 395-396). No hace mucho, por cierto, han aparecido las obras completas de Khraïef, recopiladas y editadas por Faouzi Zmerli, el mayor especialista en este autor. Ana Ramos publicó en 1982 una traducción al español de su Barg el-Lil.

P.S.- La asimilación de la palmera con el ser humano tiene su origen en la creencia de que ésta fue creada con el barro que sobró de moldear a Adán. Así se recoge, p. ej., en los Prodigios de las criaturas y rarezas de los seres (عجائب المخلوقات وغرائب الموجودات) de al-Qazwini (القزويني), quien sostenía, además, que esta planta sólo crecía en tierras del Islam.

1 comentarios :

Laila Familiar dijo...

Gracias por la dedicatoria, Abu Ilyás; y gracias por la recomendación del libro. Aunque entre tus recomendaciones y las de Jesús no me va a quedar tiempo para hacer magdalenas.

Me gusta tu P.S. Muy a propósito de حفنة تمر.

Publicar un comentario en la entrada

No se permiten comentarios anónimos. El autor del blog se reserva el derecho a rechazar cualquier comentario que considere inadecuado, aunque no por ello se hace responsable de las opiniones vertidas por terceros en los admitidos y publicados.

Si lo desea, también puede dejar su comentario en la página del blog en Facebook.