1 de febrero de 2010

Vexilología aplicada

Los responsables de un sitio web oficial me han encargado la traducción al árabe de una serie de contenidos informativos que han de acompañar a otros tantos en sendos idiomas estratégicos, a los cuales se podrá acceder, por lo visto, haciendo clic en las consabidas banderitas nacionales: una decisión bastante discutible que me obliga a señalar una apropiada para el árabe.

En el caso de este idioma, varias son las elecciones más habituales:

  1. Que el sitio web pertenezca a un país determinado y se emplee la bandera de dicho país para indicar el idioma.
  2. Utilizar la bandera de Arabia Saudí, considerando, entiendo yo, que es la cuna de la lengua árabe (como se utiliza la Union Jack para el inglés).
  3. Usar una bandera panárabe como la de la revuelta contra el Imperio otomano durante la I Guerra Mundial.
Lo que no recuerdo haber visto nunca es emplear la bandera de la Liga Árabe, que tiene una doble ventaja: por una parte engloba a todos los países donde el árabe es lengua oficial (con excepción de Malta, aunque ésa es otra historia), cosa que no hace la panárabe; y por otra, recuerda bastante a la de Arabia Saudí (a la derecha), hasta el punto de que, convertidas en iconos y teniendo en cuenta que el tono de verde empleado a veces varía en uno y otro caso, apenas se apreciaría la diferencia:


Por otro lado, a quienes las distingan pero desconozcan la primera, que pueden ser muchos, no les resultará difícil identificar el idioma a partir de la media luna, que viene a desdecir en cierto modo ese prurito tan característico con que leídos y escribidos nos empeñamos en dejar bien claro que una cosa son los árabes y otra los musulmanes, y que nunca está de más, sin duda, sobre todo si se alude también a la ambigüedad autóctona y a sus muchas implicaciones. Me viene ahora a la cabeza un curso de "Civilización árabe" que di hace tres años y cómo machacaba a mis pobres alumnos en este sentido; primero, tratando de que asimilaran perfectamente la teoría (un árabe lo es por lo que habla, un musulmán por lo que cree) y, después, pretendiendo que entendieran la práctica... Para ejercitarlos un poco en esto de las identidades les pedí un día que me dijeran qué hace que los españoles (de origen, como la mayoría de ellos) seamos españoles sin haberlo elegido: descartando el idioma y la religión, casi todos curiosamente llegaron a la conclusión de que bastaba con haber nacido en España, y sin embargo no es así: en realidad, depende de tus padres, de manera que la nacionalidad española no es tanto un accidente geográfico como familiar, al igual que ser árabe no lo es sólo o sencillamente lingüístico. Tiene mucho también de hereditario, como nacer musulmán o ser ojizarco, pero no por ello hay que confundir los términos, ¿no?

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