6 de enero de 2013

No es habla conveniente la que a todos no es común

Goytisolo, Juan Goytisolo, cumplió ayer 82 años, y hace ahora algo más de veintiuno, recién vuelto de mi primera estancia estudiantil en Marruecos, que leí su Reivindicación del Conde don Julián (1970), luego Don Julián a secas. Desde entonces he seguido con curiosidad y admiración (aunque cercana, he de advertir, al amor condicional —o in-incondicional— de Luis Antonio de Villena en El País, 21.10.2006) la trayectoria de quien ha sido descrito como un "anti-orientalista" (Fernanda Eberstadt, "The Anti-Orientalist", The New York Times, 16.04.2006) y como "el único escritor español, desde el Arcipreste de Hita" (desde "Alí Bey" en otra versión) "que habla árabe" o "uno de los rarísimos escritores españoles que en los últimos siglos se haya tomado la molestia de intentar aprender la lengua árabe"; aparte, añadiría yo, del único de renombre que se ha interesado por el arabismo español, dentro de la atención, mucho más amplia, que ha prestado al islam (véanse, p. ej., las series Alquibla I y II, escritas y presentadas por él para TVE, y emitidas en 1989 y 1993 respectivamente). Atención que no es, como subraya el propio Goytisolo, la de un especialista, y sobre cuyo carácter nadie debería llamarse a engaño:
Los estudiosos «puros», esto es, quienes se encaraman ab initio al altiplano de una presunta objetividad manipulan a su vez con frecuencia la especificidad islámica al someterla a los cauces de un método o ideología ajenos a sus premisas. Dicho planteamiento aséptico, descondicionado, «científico» no elimina por otra parte los sentimientos de simpatía, solidaridad y, a veces, aversión del arabista o islamólogo a la temática objeto de su estudio. [...]

Mi conocimiento de la cultura árabe es ciertamente muy inferior al de un García Gómez o un Martínez Montávez y, a causa de mi incapacidad de leer un texto clásico, no he podido ni podré realizar como ellos una admirable labor de arabista; con todo, mi acercamiento somático, vital a lo islámico me ha permitido la creación de una escritura que entronca de algún modo con la surgida hace más de siete siglos en tierras de Castilla [...].

La curiosidad que a primeros de los sesenta me azuzó al tema árabe fue ante todo humana, no cultural ni libresca: instalado en Francia en plena guerra de Argelia, viví en París el horror cotidiano de la persecución racial, humillaciones, ratonnades, asesinatos impunes de la policía. A mi natural solidaridad con las víctimas —cuyas aspiraciones e ideas compartía— se sumó poco a poco un factor íntimo e imprevisto —la belleza física de los inmigrados árabes— que fue sin duda determinante en mi aproximación a su morada vital y cultura.
---Juan Goytisolo, "Vigencia actual del mudejarismo", Contracorrientes, 1985, p. 10-12.
La tardía vocación de lingüista y etnólogo, que me ha hecho consagrar en los últimos años un tiempo y esfuerzos aparentemente absurdos primero al estudio del árabe magrebí y luego del turco, fue resultado de una porfiada voluntad de acercamiento a un modelo físico y cultural de cuerpo cuyo fulgor e incandescencia me guiaban como un faro.
---Ídem, En los reinos de taifa, 1986, p. 225.

Aunque sí quepa, no obstante, preguntarse qué le ha impedido adquirir ese conocimiento distinto o adicional de los arabistas que, según parece desprenderse del segundo de los párrafos citados y del que sigue a continuación, tanto aprecia, y que, de entrada, no parece reñido con su mudejarismo:
A.B.: ¿Se le puede considerar como un arabista?
J.G.: No. No soy arabista porque no poseo..., desdichadamente mi nivel cultural en árabe es bajo. He aprendido a leer y escribir, pero leer y escribir en árabe dialectal. En este aspecto no puedo considerarme como arabista porque, en algún ensayo, he tratado de decir la diferencia entre lo que podíamos llamar los arabistas y los mudéjares. 
---Ahmed Benramdane, "Juan Goytisolo y la cultura marroquí", Revista Marroquí de Estudios Hispánicos, 2, 1991, p. 60.

Del árabe del barcelonés hay ejemplos en varias de sus novelas, y estudios como el de Bernard Loupias sobre la importancia y significación del léxico de origen árabe en Don Julián, el de Ahmed Benremdane sobre su empleo del marroquí o el de Marco Kunz sobre el final bilingüe de Juan sin Tierra. Es en estas dos novelas, publicadas respectivamente en 1970 y 1975, y en las siguientes, Makbara (1980) y Paisajes después de la batalla (1982), en las que Goytisolo hace un mayor uso del árabe, al principio transcrito en caracteres latinos, para saltar de éstos a los árabes entre la penúltima y la última página de Juan sin Tierra, recorrer el camino inverso en la tercera y volver a la escritura árabe en la cuarta.

En Reivindicación del Conde don Julián (manejo la edición de Linda Gould Levine para Cátedra, de 1985) llama la atención que la pintada "njab nnicq Kulchi nsa" (p. 133; نحب ننيك كل شيء نساء, lit. "quiero follarme a todas las mujeres"), aunque situada en un urinario tangerino, suene a un dialecto más oriental, cercano al argelino, tanto por los verbos empleados como por la ausencia del prefijo verbal ka- (كـ), que sí aparece en la variante que introduce el autor en recientes ediciones (Obras completas III, 2005, p. 465): "ka nnic el qhab kulhum" (كننيك القحاب كلهم, lit. "me follo a todas las putas"). Kunz (p. 243) habla, de hecho, de "un árabe dialectal transliterado de procedencia magrebí (marroquí-argelina)", refiriéndose a los párrafos finales de Juan sin Tierra (1975, p. 320-1), donde dicho origen se hace ya evidente:
[...] lugha al arabya eli tebdá tadrús chuya b-chuya, lugha uára [واعرة; "saiba" —صعيبة— en una edición de 1995] bissaf ualakini eli tjab [corregido "thabb" en Obras completas III, 2005, p. 724] bissaf, sabyendo ken adelante lassmék [corregido "lassem-lek" en Abdelatif Ben Salem (ed.), Juan Goytisolo ou Les paysages d'un flâneur, 1996, p. 41] t-takalem mesyan ila tebghi tsáfar men al bildan mselma ua tebghi táaref ["taáref"] ahsán r-rjal ["er-rájal"] keinp-piraron tu tét-to piro ke no lo lirán, rjal ["ráxel", sic] min Uxda Tenira Uahran Ghasauet El-Asnam Tanxa Dar-Bida [...] tebdá kif uáhed l-arbi al idu sghera ua min baád al idu Kbira bex temxi l-xamá ua tqrá ["etkará"] al surat eli tjab ["thhab", sic]
qul ya ayuha al-kafirún
la a budu ma ta budún
ua-la antum abiduna ma a bud
ua-la ana abidum ma abattúm
ua-la antum abiduna ma a bud
la-kum dinu-kum ua-li-ya din
Y donde el rigor, digámoslo así, con que el autor transcribe de oído la azora 109 (eliminada en ediciones posteriores, aunque manteniendo su traducción en el capítulo III), manifiesto en "abidum ma abattúm" (y no "abidun ma abadtum", como correspondería a una transliteración), contrasta, hasta donde permiten adivinar los caracteres latinos, con el uso incoherente de la misma 'j' para fonemas distintos (تحب / رجال), y de ésta y de 'x' para fonemas idénticos (رجال / طنجة); o de 'l' en "al surat", que se pronunciaría as surat (السورات o bien, en marroquí, الصورات); pero también con solecismos como "al idu sghera" (العيدُ صغيرة) o  "al idu Kbira" (العيدُ كبيرة), o con el inesperado "tadrús" (تدرس) en lugar del típicamente magrebí "tqrá" (تقرأ), con el sentido de 'lees', como al final del primer párrafo, pero también de 'estudias'.

Sigue a continuación, cerrando la obra y con ella la llamada trilogía de Álvaro Mendiola, iniciada con Señas de identidad (1966), un último texto también "en darixa" (parcialmente, cabría matizar) pero en caracteres árabes, que según el propio autor "fue escrito con caligrafía mejor" que la suya "por un arabista neoyorquino" (Obras completas III, 2005, p. 28):

Y que he tomado de la traducción al inglés de una versión revisada por Goytisolo (2009), a cargo de Peter Bush, quien curiosamente parece dejarse atrapar por la algarabía del autor al convertir "Dar-Bida" (الدار البيضاء, el nombre en árabe de Casablanca) en "Dar-Lyfe" (p. 152), probablemente por ignorancia del topónimo (cf. la versión anterior, de Helen Lane) y al considerar que ese "Bida" es una cacografía más (de ahí "lyfe" < life). El objetivo del autor con estas líneas era, según él mismo, "crear un efecto de ruptura", "que el mensaje final resultara incomprensible y el lector se sintiera excluido, como si le hubieran dado con la puerta en las narices" (Julián Ríos, "Desde Juan sin Tierra", Espiral Revista, 1977, 2, p. 9-10). Sin embargo, a juzgar por la traducción que aporta el propio Goytisolo (ibídem, p. 47; Obras completas III, 2005, p. 29), también él se pilla algo los dedos con el portazo:
Los que no me entendéis,
dejad de seguirme.
Nuestra comunicación ha terminado.
Estoy definitivamente al otro lado,
con los parias de siempre,
afilando el cuchillo.
Si se compara con la versión, bastante más fiel al original, de José Miguel Oviedo en el mismo número de la revista Espiral (p. 105) o en la Revista iberoamericana ("La escisión total de Juan Goytisolo: Hacia un encuentro con lo hispanoamericano", 42:95, 1976, p. 197):
La gente que no me comprende, no me sigue.
Nuestra relación está terminada.
Estoy, sin duda, del otro lado,
con los pobres que siempre
tienen el cuchillo.
O con la de Malika Embarek en "Todos nos llamamos Juan" (1988):
La gente que no me entienda que deje de seguirme.
Nuestras relaciones han terminado.
Yo estoy, sin duda, del otro lado,
con los pobres,
preparando siempre el cuchillo.
Pero mucho menos que Ammiel Alcalay (After Jews and Arabs. Remaking Levantine Culture, 1993, p. 276), profesor en la U. de la Ciudad de Nueva York (CUNY), como lo fue también Goytisolo, traicionado por una lectura claramente inspirada en un árabe normativo o levantino:
Why [لي، اللي ليه] don't the people understand me
Why don't they follow me
My relations are finished
I'm without doubt on the other side
With all the poor people always
They will find [يوجّدوا ≠ يجدون] the knife
Son años, entre mediados de los 60 y los 70, en que el escritor visita Marruecos con frecuencia, pero no se desenvuelve aún en el árabe local:
Desde el otoño de 1965, en el que se me ocurrió la idea de Don Julián, hasta la muerte de Franco pasaba dos o tres meses al año en Tánger pero allí era prácticamente imposible aprender árabe, porque la gente enseguida me identificaba como español o me hablaba en francés; además, casi todo el tiempo lo pasaba escribiendo, trabajando. Con todo, seguí un curso de un mes con un tangerino, al que le pedí que me explicara el funcionamiento del verbo, y, una vez que lo entendí bien, pude lanzarme a hablar. Él mismo me dijo: «ahora depende de ti». Cuando decidí mudarme a Marraquech, donde no conocía a nadie, cada vez que alguien me hablaba en francés, yo respondía con el acento más fuerte posible «comprends pas», y después añadía: ualakin kander [كنهضر] shuya alarabíya, «pero entiendo un poco de árabe». Fue así como la gente empezó a hablar conmigo, y yo fui aprendiendo de oídas el árabe dialectal. Mi escuela era la plaza; mis maestros, los cuentistas. A veces incluso me llevaba una grabadora para repasar después en casa. Hablo la lengua de la calle, nada del lenguaje culto, pero lo suficiente como para poder comunicarme con la gente.
---Javier Fresán, "Juan Goytisolo o la bendición del exilio", Clarín. Revista de nueva literatura, 86, 2010, p. 55.

"Al principio", le comenta a Ahmed Benremdane, "iba sobre todo al norte. Estuve como cinco o seis años donde iba a Tánger. Y dejé de ir, entonces, por varias razones" (1991, p. 46): por una parte, continúa, la ciudad en la que transcurre Don Julián no le "estimulaba" ya una vez publicada la novela, y por otra, está el "problema del idioma" (p. 46-7; cf. Goytisolo, Obras completas III, 2005, p. 29):
Me refiero a que yo quería aprender el árabe dialectal pero me encontraba que, en Tánger, todo el mundo hablaba francés o español, y como ya había llegado no hablando árabe, pues, empecé a estudiar y aprender el árabe de una forma un poco torpe... quería hablar DARIJA, me respondían siempre en español o en francés. Me di cuenta de que me iba a ser muy difícil practicar. Pues, fue cuando decidí mudarme a Marrakech [...]. Y aquí empleé el truco de entrada, de decir, de hacer ver que no hablaba francés. Hablaba inglés, hablaba español y un poco de árabe. Este poco de árabe, la gente que no hablaba inglés o español, es decir, la inmensa mayoría, pues llegaron a practicar conmigo de esta forma. Y aquí, cuando vivo en Marrakech, vivo en un mundo especialmente marroquí, es decir que hablo árabe todo el día (...).
Compartiendo así una queja más o menos fundada pero muy habitual entre los estudiantes del idioma que visitan tanto el Norte de Marruecos como otros lugares de la geografía árabe, a propósito de la poliglotía reinante, y que en el caso de los arabistas en ciernes suele venir agravada por una serie de prejuicios acerca del Magreb como ámbito de estudio:
Trabajar sobre el árabe magrebí exige un conocimiento de la lengua árabe mucho menor. Sencillamente. La mayor parte de la bibliografía existente y de las conversaciones directas que tú puedes tener con individuos de esa área se hace en francés, y como hay bastante arabista que no conoce el árabe y cuya incapacidad mayor es el manejo de la lengua, tanto escrita como hablada, ha encontrado una situación de miel sobre hojuelas. Con un mediano conocimiento del francés, tampoco muy profundo, mucha osadía personal y, desde luego, poco respeto intelectual, se puede trabajar sobre ciertos mundos garantizándote además unos éxitos rápidos y reconocidos. Es un problema ético y como tal cada cual da su respuesta personal. Esta postura es incoherente con los postulados de mi actuación, de mi visión de la lengua y otras cosas de las que hemos hablado. Trabajar sobre el Magreb resulta mucho más fácil que trabajar sobre el Mashriq. Esto no es anecdótico, esto es esencial.
---J.P. Arias, M.C. Feria y S. Peña, "Pedro Martínez Montávez", Arabismo y traducción: Entrevistas con J.M. Fórneas, J. Cortés, M. Cruz Hernández, J. Vernet, L. Martínez, P. Martínez Montávez, M.L. Serrano, Madrid, 2003, p.140.

Hay que deducir, por tanto, que es dos años después de haber concluido la redacción de Juan sin Tierra, en 1974, y al cabo de nueve de haber comenzado la de Don Julián, en 1967, cuando Goytisolo comienza a hacer verdaderos progresos; es decir, a su llegada a Marrakech, a donde viaja por primera vez, según dice él mismo, en árabe, en un reportaje de la televisión marroquí ("Juan le Marrakchi / خوان المراكشي", Inter Rives / بين الضفاف, SNRT, 15.05.2007, min. 1:00), en 1976, y más concretamente a principios de ese año ("Prólogo", Obras completas III, 2005, p. 29):
En enero de 1976 viajé a Marraquech y permanecí en la capital del sur marroquí por espacio de varios meses. Me guiaba el propósito de aprender de una vez por todas el árabe dialectal del Magreb. [...] Fingí entonces que ignoraba el francés y, a quien se dirigía a mí en él, respondía: no te entiendo. Para añadir a continuación: pero hablo un poquito en árabe. Fue así como a solas —salvo unas pocas clases elementales sobre la estructura del verbo— me gradué de licenciado en darixa en la plaza de Xemaá-el-Fná.
Hay que esperar, de hecho, a su siguiente novela, Makbara, publicada en 1980, para ver aflorar por primera vez un árabe típicamente marroquí (cf. Obras completas III, 2005, pássim, y en especial las pp. 735, 754, 770-1, 831, 845-6):
ma bghit ual-lú men-nek, smaati? [...] naal d-din [sic, cf. p. 767] um-mék [...]
ra hwa, faín hwa?, rah, rah, ḥda el-ḥanut d-d-duján, ma Katchufch x-xelaba xdida?, daba aad chuftú [...]
iwa, el kḥal ka idrabni, yak? ila bghiti tchuf ahsen ma-itjaf-ch, axi ḥdana! [...]
uach ka-idurrek bissaf? [...] la, ghir chi chuya, rtaḥ ḥdaya, bghit nnaas maák, ana ferḥana! [...]
chuf, ma aareftih-ch?
chkun?
r-raxel gales aal ch-chil-lia!
faín ḥwa? [sic]
rah, rah ḥda t-tablá d-el-muaalimín!
tbarak-allah, daba aad chuftú! [...]
ahlan-wa-sahlan, fain kunti?, ach had el ghiba?, marḥaba bik, s-salamu aali-kum [...]
Y diáfano, a excepción de ese "iwa, el kḥal ka idrabni, yak? (...)" (إيوا، الأكحل كيضربني، إياك؟ إلا بغيتي تشوف أحسن ما تخافش، آجي حذاءنا, lit., "¿Qué, el negro me golpea, no? Si quieres ver mejor, no temas, ven aquí con nosotros") con que el personaje de la turista, "la belleza rubia", viendo borradas "con légamo, desenfreno, lujuria las pasadas diferencias de pigmentación" y tornándose "ex blonda criatura", "ríe e increpa al ejecutivo burlado", su pareja. Descartada una posible acepción sexual del verbo ضرب en marroquí y a partir del contexto, cabe imaginar que Goytisolo ha calcado la décima del verbo 'pegar' en español (favorecer, sentar bien), que no tiene el árabe.

Con todo, si Juan sin Tierra se cerraba con cinco líneas caligrafiadas por un arabista de Nueva York, y si bien el Goytisolo ya marraquechí retoma momentáneamente la grafía árabe en el epígrafe de Makbara con un "proverbio marroquí", esta vez, en apariencia, de su puño y letra (o en todo caso la de alguien poco habituado a escribir en árabe):

Ello lo hace de nuevo, no obstante, de la mano de un arabista, copiando el modelo del que parece tomado este proverbio: la Guía de la conversación española-árabe marroquí de Reginaldo Ruiz Orsatti (1901, p. 230), traductor e intérprete, y raro ejemplo de maridaje entre africanismo y arabismo:

Cuya obra "ilustra perfectamente la manipulación interesada" del segundo por la vertiente política y militar del segundo, según analiza y critica un año después el novelista en "Miradas al arabismo español" (Triunfo, 9-10, 1981, p. 96-101; 100). No es ésta, además, la única ocasión en que Goytisolo parece guiado a través del acervo oral marroquí por una suerte de Virgilio arabista: si años después, en Las semanas del jardín (1997), dividida en tantos capítulos como letras tiene el alifato, el autor caricaturiza "la reproducción canónica de la grafía árabe" (p. 136), en los "pequeños diálogos en marroquí" de Makbara (cf. Inger Enkvist, Un círculo de relectores, 1998, p. 106) hace aparición, curiosamente, un atisbo de transcripción académica: el uso de la hache con punto inferior (ḥ) para representar el sonido /ħ/, de más en la p. 854 (Obras completas III, 2005, ed. del autor al cuidado de Antonio Munné), en que la interrogación "faín hwa?" (cf. p. 754), es decir, «فين هو؟» (lit., "¿dónde está él?), se convierte caprichosamente en un "faín ḥwa?" que sólo cabe leer e interpretar como «فين حوى؟» ("¿dónde ha follado?"), sin sentido alguno en el contexto, aunque parezca convenir al estilo de la obra, y distinto además, como se ha visto, del verbo que Goytisolo mantiene en Don Julián (ناك, origen quizá de nuestro antiguo 'nicar' y del francés niquer, con interferencia de 'fornicar', si no es aféresis de éste). En cuanto a ese حوى, quizá no esté de más aquí una anécdota historiográfico-lingüística: de origen probablemente eufemístico (cf. William Marçais, "L'Euphémisme et l'Antiphrase dans les dialectes arabes d'Algérie", Orientalischen Studien, I, 1906, p. 429), este verbo sería según Edmond Doutté (Un texte arabe en dialecte oranais, 1903, p. 18) el motivo de que en Marruecos se evite, por cacofónica, la voz نحوي, 'gramático', que coincidiría con la 1ª persona singular del presente (cf., sin embargo, el "s'efforcer de parler en arabe classique", تنحوى, de G. Colin). Por otro lado, cosa tal vez más interesante, en Argelia y Túnez alude de un modo u otro a la impotencia (Beaussier, ápud H. Stumme, Grammatik des tunisischen Arabisch nebst glossar, 1896, p. 163), mientras que en el Vocabulista arauigo en letra castellana de Pedro de Alcalá (Granada, 1505, fol. 214r) designa, bajo la forma del participio activo, al "puto que padece", y recuerda al ħawħi maltés, 'sodomita', que J. Aquilina (Maltese-English Dictionary, I, 1987, p. 520) relaciona con el árabe خوخة ('ano'), siguiendo el Arabic-English Dictionary for the Use of Students del jesuita J.G. Hava.

Los diálogos de Makbara, en transcripción, dan paso en Paisajes después de la batalla (1982) a un árabe entre mecanografiado y corregido a mano en ediciones posteriores. Al principio (Obras completas III, 2005, p. 889-91) se trata de letreros (Bar Idéal, sandwich, Café Gymnase, L'Humanité, Centre Pompidou, Opéra, Concorde) que desatan la ira del souchien por el simple hecho de encontrarse en "unos garabatos odiosos" (p. 890): حان إذيال، سندويش، مقهى جيمناس، الإنسانية، مركز بومبيدو اوبرا كنكرد. Pero más adelante aparecen pintadas y consignas deliberadamente subversivas, como la de la p. 923, «موت الفرنسا عاش الثورة», donde sobra y falta alguna letra si el sentido deseado es "Muerte a Francia. Viva la revolución": الموت لفرنسا عاشت الثورة (corregido así en la traducción al inglés de Helen Lane, Landscapes After the Battle, 1987, p. 37, pero no en las ediciones españolas); o la de la p. 1029, siguiendo a una en turco, "ISÇININ SESI" (İşçinin Sesi, "la voz del obrero"), y que en la en la edición de 1982 rezaba «صوت العرب» ("la voz de los árabes") —y no, sospecho, موت الغرب, "Muerte de Oeste", como interpreta Marco Kunz en Metáforas de la Migración, 2003, p. 176). En ediciones sucesivas el texto se ha alterado a mano, como el حان إذيال de la p. 889, que en la 1ª, y más claramente en la traducción al inglés (1987, p. 4), aparecía como حان ايديال. Ahora sobra de nuevo una ألف, como en el ejemplo anterior, y "los árabes" se han convertido en "los victoriosos" o, si se prefiere, los almanzores (المنصورين):

Variantes en las distintas ediciones de Paisajes después de la batalla
Aparte del árabe, como indicaba más arriba, Goytisolo emplea también el turco, siempre en mayúsculas, como en la p. 946 (Obras completas III, 2005), donde introduce un par de mensajes cuya ortografía ha sufrido también, por exceso o por defecto, los avatares de la edición y podría restituirse así: Kahrolsun faşizm Dev-Yol. Yaşasin Çorum direnişi. Halkın kurtuluşu. [...] Ya özgür vatan ya ölüm. Se diría que es en este babel goytisoliano en el que se inspiraba hace unos años el Colectivo Democracia para Subtextos, su "intervención de arte público" en Cartagena.

Para concluir con esta aproximación sin pretensiones, y en modo alguno obsidional, espero, al contrario que la del arabista de Las semanas del jardín (1997, p. 133), al árabe (y al arabismo, por qué no) de este "nesrani en Marruecos", como dice de sí mismo en Coto vedado (1985, p. 38), "y moro en todas partes" (salvo en Marruecos, hay que inferir entonces), me ha parecido interesante incluir aquí una preciosa (por rara) muestra autógrafa de su árabe de verdad, el no literario, recogida en el nº 39 de la revista Horizons Maghrébins (1999, p. 9-10), dedicado al reconocimiento de la plaza de Xemaá el-Fná (جامع الفناء) como patrimonio oral de la humanidad, bajo el título "Ce que je dois à la place...":


Se trata, según explica una nota de la redacción, del discurso pronunciado por el escritor con motivo del homenaje que le rindió la provincia de Marrakech en 1998 en agradecimiento por su labor en dicha iniciativa. "C'est la première fois", se informa, "que Juan Goytisolo rédige directement une intervention en langue arabe parlée".

En el texto, salpicado de ejemplos de una cacografía habitual entre quienes se inician en la escritura árabe, la confusión entre ألف y لام (como «كاشي» en lugar de كلشي), y que se aparta aquí y allá tanto de la ortografía normativa como de una transcripción fonética («جمع» en lugar de جامع, mientras que الفناء se mantiene; «مفتُحة» en lugar de مفتوحة, etc.), explica que el homenaje en realidad no era necesario, porque proponer a Xemaá el-Fná como patrimonio oral de la humanidad era una obligación moral suya hacia Marrakech, por todo lo que la ciudad le ha aportado a su vida y literatura. De no ser por la experiencia y la enseñanza marrakechíes, prosigue, no habría escrito novelas como Makbara o La cuarentena (1991), y su vida sería otra, menos rica y abierta a la diferencia y la tolerancia como la plaza misma. Ahora («دروك») en Marrakech, dice, se siente como en casa, y cada vez que viaja fuera la echa de menos y se pregunta qué hace allí, pudiendo estar en el café, en la sesión continua de Xemaá el-Fná con el resto de los mirones («برݣاݣة»), que lo tratan afectuosa y amigablemente.

Es en ese espacio, rodeado de sus vecinos y contertulios, donde lo sitúa el reportaje de la televisión marroquí que mencionaba más arriba, emitido hace cinco años y medio por el canal Al-Aoula (الأولى), y en el que Goytisolo habla tanto en árabe como en francés, aunque doblado en este caso por una voz en off al árabe normativo. "A la darixa", comenta en un momento dado (min. 4:58), "le tengo mucho aprecio: está el refranero, están los chistes, está... siempre, todos los días aprende uno algo nuevo".

Sólo queda preguntarse, por último, si no hay también en este Juan marrakechí, paradójica pero felizmente, algo de ese arabista extemporáneo de Las semanas del jardín, acallado con la advertencia de Sempronio a Calixto al final del octavo acto de La Celestina: "Deja, señor, esos rodeos, deja esas poesías, que no es habla conveniente la que a todos no es común, la que todos no participan, la que pocos entienden" (p. 136).

2 comentarios :

Aram dijo...

Leerte, Antonio, es una experiencia cercana a la lectura de Borges o de Michel Foucault: siempre enriquecedora, densa, didáctica, viajera, políglota, transcultural, contradictoria... ¡Gracias! sobre este tema tal vez te divierta el artículo: "El trasfondo árabe de España a través de autores españoles contemporáneos" del Grupo Maylac presentado en el I Congreso de Historia de Andalucía (Córdoba 1976) publicado después en مجلة اللغات رقم 1 جامعة وهران 1979
Es innegable que Goytisolo ha bebido de los entornos en los que ha vivido exiliado y, situarse del otro lado para argumentar, al hablar de España, en contra del discurso retrógrado y cruel de los vencedores de la guerra, durante la posguerra, ha enriquecido su obra. Yo ya le leía en tiempos de novelas como "El circo" o "La isla" y, con "La reivindicación del Conde Don Julián" me hacía reflexionar sobre la, para mí, incomprensible postura intelectual frente al mundo árabe de mis profesores arabistas del régimen. Nunca he entendido que Goytisolo se comparara a sí mismo en tono de excusa con García Gómez y Montávez, ya que él, ni trabajaba en el mismo campo, ni tenía porqué aceptar como autorizadas las críticas envidiosas de éstos. Yo disfrutaba más de sus desplantes en árabe ante la prensa española pseudointelectual...
No hay, sin embargo, que abandonar la actitud crítica aún para con tus correligionarios por muy amigos que sean y he lamentado, posteriormente, sus declaraciones negacionistas del genocidio armenio tras su acercamiento a Turquía. Ya sé que en ese punto tú tampoco me entiendes pero no por eso te leo con menor interés.
La cita de Montávez sobre los arabistas que trabajan sobre Marruecos, me paraece a mí que, hay que leerlo en clave de sus relaciones con Bernabé y Gemma, más que con Goytisolo, pero eso lo tendría que explicar él ¿no?
Aram

Anís del moro dijo...

Gracias a ti, Aram, como siempre, por tus amables palabras, y también por la referencia del artículo, que buscaré. El autor, ¿es Marcelino Villegas?

No sabía que Martínez Montávez hubiera criticado, y con envidia, a Goytisolo. ¿Estás seguro? Yo lo que sí recuerdo es que en la presentación, hace ya años en la FNAC de Madrid, de su Pensando en la historia de los árabes, uno de los intervinientes hizo un comentario de mal gusto, digámoslo así, reduciendo el interés del escritor por el mundo árabe a su homosexualidad. No recuerdo si la expresión fue "compromiso anal", "carnal" o algo por el estilo, pero sí que contó con la anuencia del resto. En cuanto a la cita de Montávez, es obvio que no se dirige a Goytisolo y bastante probable que contenga, en efecto, una crítica velada a Bernabé López y su entorno, pero no por ello deja de decir lo que dice, aunque el propio Montávez me reprochó en una ocasión que yo esa cita suya la había malinterpretado (como repetía también Carmen Ruiz en la lista de la SEEA). Para mí, sin embargo, deja traslucir una actitud: no puede ser casual que sean los autores de la entrevista de la que he tomado la cita quienes tengan que recordarle que, al aportar algunos datos biográficos, "no ha hecho mención a que estuvo en Tetuán de becario" (p. 128) o que sea en Egipto donde descubrió, de 1957 a 1962, "un mundo que sólo conocía por los libros", y no en Marruecos, donde había disfrutado de esa beca entre septiembre de 1955 y marzo de 1956. La cita, en fin, no puede ser más desafortunada: si realmente cree que "trabajar sobre el Magreb resulta mucho más fácil que trabajar sobre el Mashriq", mal; pero si se trata de hacer pagar a justos por pecadores... peor.

Para terminar he de decir que entender sí que entiendo tu inquietud cuando Goytisolo dice, p. ej., que se inclina "a creer con Bernard Lewis que no hubo un genocidio planificado" (resta por saber si, en su opinión, la planificación es condición sine qua non), pero lo cierto es que no he querido detenerme en esa faceta suya, no sé si de intelectual comprometido o de analista internacional, que tanto lo acerca, dicho sea de paso, al arabismo más reciente. Está, p. ej., su controvertida postura acerca del problema del Sáhara, pero son, he de reconocer, camisas de once varas en las que no me apetecía meterme, y que dejo para quien tenga las ideas más claras que yo.

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