3 de diciembre de 2015

La belle dame sans merci

محمود سعيد، بنات بحري، 1937
Es como si entrara ahora por la puerta estrecha, directamente hasta la sombría escalera de piedra, en la casa de la calle Gullanar.

Como si sintiera a Muna, rebosante de vida, allí, tras la puerta del bajo, a la derecha.

Todavía un poco mayor que yo. Saliendo de mañana y no volviendo del taller de Rosa, la modista siria, en Gheit El Enab, hasta la tarde, seguida poco después de Gamalat, su hermana mayor, que volvía de la fabrica de hilo de Karmuz.

Antes de las vacaciones, cuando volvía yo del colegio, su puerta se abría —siempre— al llegar yo justo a la altura de la escalera. Y en el pequeño rellano su cara me alumbraba, de repente, en el breve instante fugaz entre el caer de la tarde y la umbría, algo húmeda, del portal.

El vestido, por encima de las rodillas, le caía suavemente sobre los muslos torneados, y sus pequeños pechos se notaban libres y firmes, turgentes. Levantaba la cara hacia mí, tímida y a la par atrevida, y me miraba con los ojos hinchados y un poco entornados: una mirada que me hacía palpitar el corazón y cuyo significado desconocía. "Adiós", decía saludando con voz suave, temblorosa y a la vez enteramente segura, y casi me rozaba de lado al salir camino de la calle, arrastrando en los pies unos escarpines viejos de talón gastado. Me excitaba el frufrú de su vestido y el aroma de su piel lavada.

Ahora, en cambio, durante las largas vacaciones de verano, no la veía hasta el atardecer, cuando subía a la azotea. Aguardaba su llegada desde la ventana, con el poema de Keats "La bella señora sin piedad", de la antología inglesa El dragón dorado, en la mano, hasta que la veía llegar por el extremo de la calle y sentía el corazón saliéndoseme del pecho.

Aquel muchacho que era yo, que no he dejado de ser, tan romántico e inflamado por el despertar de una sexualidad indómita, y que se creía a un tiempo inocente.

Yo amaba a Muna, sin certeza alguna de que ella me correspondiera ni nada que se le parezca.

Aún sostenía en mi mano, como si lo hubiera olvidado, a Keats y El dragón dorado, cuando al empujar la puerta de madera de la azotea me asaltó la última luz del día y el fresco propio del momento, un tanto penetrante por el aire de las cercanas salinas y algo pestilente, también, debido a los olores de la calle.
---Edwar al-Kharrat, Chicas de Alejandría (إدوار الخراط، يا بنات إسكندرية، دار إلياس العصرية، الطبعة الثانية، القاهرة، 1991، ص. 9-10).

23 de noviembre de 2015

التعويفة

La semana pasada una alumna mía, oriunda de una localidad marroquí muy cercana a la frontera con Argelia (como buena parte de la población marroquí que vive en Murcia), me preguntó por el origen de la voz تعويفة, 'desayuno', que ni nuestra lectora, procedente de la otra punta del país, ni yo habíamos escuchado jamás. Su curiosidad se centraba en si podía ser o no bereber. De entrada, le comenté, no lo parece: en principio, el fonema representado por ع sólo se encuentra en préstamos del árabe, y la palabra, además, tiene toda la apariencia de un مصدر o infinitivo de un verbo, en este caso de un عوّف / يعوّف, para nosotros igualmente desconocido, pero que a todas luces existe.

Indagando, sin embargo, he descubierto que esta palabra, que es según Ali Amahane y otros (Rapport relatif aux aspects culturels de la régionalisation, Institut Royal des Études Stratégiques, Rabat, 2013, p. 64) característica del árabe de la Región Oriental del país (الجهة الشرقية), junto al uso de الفطور con el sentido de 'almuerzo' (lo que nos había llevado a creer que la muchacha desayunaba a la una del mediodía), está claramente emparentada con el 'tentempié' de un par de hablas bereberes del Rif: la de los Aït Ammart (آيت عمّارت) y la de los Aït Touzine (آيت توزين). Así se desprende al menos de la información recogida en el diccionario de Mohammed Serhoual (Dictionnaire tarifit-français, Université Abdelmalik Essaâdi, Tetuán, 2002, p. 738):
Que en el caso de los primeros remite a su vez al clásico de Amédée Renisio (Étude sur les dialectes berbères des Beni Iznassen, du Rif, et des Senhaja de Sraïr: grammaire, textes et lexique, París, E. Leroux, 1932, p. 377, 417), donde aparecen bajo diferentes nombres ("Beni Ameur", "Beni Amret", "At Ameur") pero se les identifica indistintamente con la abreviatura "Am.":
Menos relación parece haber entre التعويفة y el verbo εaf documentado en Figuig por Maarten G. Kossmann (Grammaire du parler berbère de Figuig, París-Lovaina, 1997, p. 169, 553: "ignorer; nier") y Fouad Saa (Quelques aspects de la morphologie et de la phonologie d'un parler amazighe de Figuig, Rabat, 2010, p. 157, 268-9: "délaisser") o el mismo εaf ('detestar') de la Cabilia (cf. en ambos casos el árabe عاف - يعيف). Obsérvese, además, que taεwif, a diferencia del aεewwef de Serhoual (p. 738) o los tiεaft / aεif de Kossmann (p. 533), no se corresponde con ninguno de los patrones habituales en un nombre de acción bereber (el equivalente del مصدر árabe).

Nos encontramos, por tanto, ante una voz aparentemente de origen árabe pero de etimología incierta. No siendo en esto un caso único (véase el vocabulario de préstamos compilado por Kossmann para la World Loanword Database, con ejemplos tan curiosos como el de qundʕa, 'araña'), sí que lo parece, en cambio, en el hecho de que coexista con su cognado (o posible étimo) árabe y de que en ambos idiomas tengan una distribución geográfica muy irregular: no en balde, Peter Behnstedt y Manfred Woidich no lo mencionan en su Wortatlas der arabischen Dialekte (Leiden, 2012, II, p. 233-235; 2014, III, p. 172-176), por más que en su tercer volumen incluyen un detallado mapa del norte de Marruecos con información sobre el bereber:

Detalle de Behnstedt y Woidich, 2014, p. 173.
Tampoco Marcelin Beaussier, en su Dictionnaire pratique arabe-français (Argel, 1887 —no he podido consultar los suplementos de Ben Cheneb y Lentin—), menciona تعويفة ni más palabra de esta raíz que el nombre propio العوفي (p. 461), si bien el uso de la palabra en Argelia parece sobradamente atestiguado a través de numerosas referencias en Internet. Otro tanto sucede con el ⵜⴰⵄⵡⵉⴼ (taʕwif) o ⵜⵓⵄⵉⴼ (tuʕif) bereber en Marruecos, que parece extenderse hacia el sur, más allá de las fronteras del Rif, hasta los dominios de los Meziate (مزيات), Beni Yazgha (بني يازغة) y los Aït Seghrouchen Harira (آيت سغروشن حريرة) en Taounate (تاونات), Laazib (العزيب), Aït Ali Youssef (آيت علي يوسف) y la región de El Menzel (المنزل):



En cuanto al posible étimo de la expresión, las opciones inmediatas son a cual más improbable, desde las entradas reunidas en los diccionarios clásicos bajo la raíz عوف, entre las que destacan los verbos عاف ('revolotear un pájaro sobre algo') y تعوّف ('merodear un león de noche en busca de una presa'), hasta la parietaria (عوفيا) de Dozy, o la raíz عيف ('aborrecer, detestar'), confluente con aquella (cf. عيافة, 'ornitomancia') y a la que ya aludía más arriba.

Siendo mis conocimientos de bereber y de árabe argelino algo más que escasos, y careciendo además del suficiente acceso a algunas publicaciones, que sólo he podido consultar parcialmente a través de Internet, esto es lo más lejos que he conseguido llegar hasta ahora en mis indagaciones, que si me he decidido a compartir es a la espera de que algún lector pueda aportar algún dato o reflexión de interés, sea sobre la distribución geográfica del término y sus derivados, sea sobre su posible etimología.

Actualización (25.11.2015)
Esto ya es otra cosa (en Moshe Piamenta, Dictionary of Post-Classical Yemeni Arabic, Part 2, Leiden, 1991, p. 347):

Véase además غواط / غواث: "Food served for building workers and wall plasterers of a house in the late afternoon after work"; y عواث / عواف: "Afternoon meal (four o'clock coffee)" (p. 361, s.v. غوث, V: "To take an afternoon light meal"; VI: "to eat a light meal at dusk").

2 de noviembre de 2015

The dissecting-room

"Dinausor [sic] foot prints"
It is a good thing for the student of a language to study its grammar when he has learned to read and understand it, just as it is a good thing for an artist to study the anatomy of the human body when he has learned to sketch a figure or catch the expression of a face; but for one to seek to obtain mastery over a language by learning rules of accidence and syntax is as though he should regard the dissecting-room as the single and sufficient portal of entrance to the Academy. How little a knowledge of grammar has to do with facility in the use of language is shown by the fact that comparatively few have studied the grammar of that language over which they have the greatest mastery, while amongst all the Latin and Greek scholars in this country those who could make an extempore speech, dash off an impromptu note, or carry on a sustained conversation in either language, are in a small minority.
---Edward G. Browne, A Year Amongst the Persians, Londres, 1893, p. 5.

11 de octubre de 2015

Propedéutica aparte

La Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada (UGR) acaba de anunciar la creación de un Diploma Propedéutico de Lengua Árabe: propedéutico en el sentido de preparatorio para cursar la especialidad de árabe como lengua B en dicha facultad (la única en ofrecerla en España), que tiene como nivel de partida un A2+ conforme al MCER, equivalente al Nivel Básico 2 de las Escuelas Oficiales de Idiomas. Se trata de una iniciativa encomiable en cuanto que trata de paliar lo que parece una imprevisión evidente: el árabe en nuestro país, a diferencia de otras lenguas B como el inglés y el francés, no se estudia como lengua extranjera en la enseñanza secundaria, excepción hecha de algunas experiencias aisladas, resultado de una vieja aspiración del arabismo universitario. Dicho lo cual, lo primero que viene a la mente es por qué han de ser los alumnos quienes paguen, además de su matrícula, el coste adicional (812,50 € por cabeza, concretamente) de dicha imprevisión.

La duración del curso único en que consiste este diploma es, según la publicidad de la Fundación General Universidad de Granada - Empresa, de 1.300 horas, pero se trata en realidad de 520 lectivas y 780 de estudio (equivalentes a 52 créditos ECTS), con lo que los alumnos han de dedicarle al árabe unas 8,75 horas diarias, y ello incluso en los períodos de exámenes de enero-febrero y junio; tiempo suficiente, desde luego, para alcanzar el A2 que, aunque no se mencione expresamente, tiene como meta el título, a juzgar por sus objetivos, calcados del MCER.

Insuficientes, por el contrario, tanto para el número de horas como para lograr dicha meta, resultan los contenidos del curso: once temas, salvo error u omisión, que parecen cubrir grosso modo las siete primeras unidades del célebre Al-Kitaab fii Ta'allum al-'Arabiyya I, que en opinión de sus autores, sin embargo, puede completarse, hasta la unidad 20, en "approximately 150 classroom hours, plus 200-300 hours of preparation outside class" (Georgetown University Press, 2ª ed., 2004, p. xi). De hecho, la asignatura Lengua C1 (Árabe), del mismo grado, "corresponde a las lecciones 1-8 del método Al-Kitaab fii Ta'allum al-'Arabiyya I" pero se imparte en sólo 120 horas, como la asignatura Lengua B1 (Árabe), cuyo temario se corresponde con las lecciones 8-14, y con la que es de suponer que entronca este diploma preparatorio. Mención aparte merece la ausencia de cualquier referencia al árabe dialectal entre sus contenidos, con lo que se trataría de un A2 ficticio o, al menos, incompleto, según estimemos más o menos severos los efectos de separar árabe normativo y dialectal en la enseñanza. A este respecto, es interesante hacer notar que entre los objetivos de la asignatura Lengua B1 se encuentra, de acuerdo con su guía docente para el curso 2014-2015 y parafraseando el descriptor del MCER, "desenvolverse, con relativa facilidad, en casi todas las situaciones que se le presentan cuando viaja donde se habla la lengua árabe estándar" (apéndice este de la cosecha del autor o autores del texto, que da a entender —el subrayado es mío— que hay destinos donde dicho árabe se habla comúnmente).

Más allá de estos detalles, la iniciativa de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UGR, precisamente por lo que tiene de alternativa para un alumnado al que se admite implícitamente estar exigiéndosele demasiado, debería llevarnos a ciertas reflexiones: para empezar, sobre la planificación de estos estudios, y para continuar, sobre la de aquellos cuya imprevisión no radica en el nivel de partida sino en el de llegada (cuando ya es tarde y no hay pospedéutica posible), en particular cuando la causa no parece deberse a un número insuficiente de horas lectivas. Un grado como el de Estudios Árabes e Islámicos de la UGR, por no salir de la misma universidad, ofrece la posibilidad de recibir hasta 960 horas lectivas de árabe, si bien sólo 240 de ellas dedicadas al árabe dialectal, repartidas entre un "dialecto árabe oriental" y un "dialecto árabe magrebí" (genéricos, pero aparentemente egipcio y marroquí en la práctica) con sendos niveles I (obligatorio) y II (optativo) que además no se estudian consecutivamente, sino en cuatrimestres alternos. A esas 960 horas podrían añadirse las 1080 que es posible cursar de materias como literatura, historia, sociedad y cultura del mundo árabe, hasta sumar 2040, siempre que se impartieran en un árabe adaptado, en la medida de lo posible, al nivel de los alumnos, para lo cual sería preferible concentrarlas en los últimos cursos, trasladando a los primeros, p. ej., todas las asignaturas de lengua y, particularmente, las de dialecto, que además convendría convertir en itinerarios, de tal manera que fuera posible (y no obligatorio) estudiar dos pero menos horas, o sólo uno pero el doble de tiempo.

En principio, 2040 horas parecen tiempo suficiente para alcanzar al menos un B1- íntegro. En los planes de Filología Árabe en vigor hace más de 25 años en la Universidad de Sevilla (US) eran 1440, de las cuales sólo 450 correspondían a asignaturas de temática lingüística (lengua, gramática y lexicografía) y de éstas sólo 90 al estudio de un dialecto oriental (y en el caso de mi promoción ni eso). Bien es verdad que en las de literatura (otras 450 horas) se traducía asiduamente, pero textos que, con nuestro nivel y el método empleado, en poco o en nada podían aprovecharnos, salvo para hacernos sentir en el aire. En mi caso, ya lo he contado, tuve la idea o premonición de estudiar árabe, simultáneamente, en el Instituto de Idiomas de la US, sumando 450 horas más a las anteriores, pero es que, de haber tenido la ocasión, el tiempo y el dinero, no habría dudado en matricularme también en un curso preparatorio ("título" me parece mucho decir) como el que da pie a esta entrada.

La cuestión, llegados a este punto, es qué sentido tienen carreras en las que, con independencia de la nota, o no se puede entrar o más vale no salir si no es rascándose antes el bolsillo en cursos preparatorios o paliatorios. Se me dirá, y no sin razón, que si lo primero no es muy frecuente, respecto a lo segundo ninguna inversión o esfuerzo que uno haga está de más, pero aún así convendremos todos en que ninguna enseñanza de carácter público debería supeditar a ello el logro de sus objetivos. De acuerdo con el Real Decreto 1434/1990, de 26 de octubre, "las enseñanzas conducentes a la obtención del título oficial de Licenciado en Filología Árabe" debían "proporcionar [...] un conocimiento adecuado de los aspectos lingüísticos, literarios y culturales inherentes a la lengua y a la filología árabes". Es difícil saber qué se entendía por tal o por el "conocimiento suficiente de la lengua" que debía acreditar "la realización, al final de los estudios, de una prueba general", recomendada tanto para ésta como para otras filologías (incluso la Clásica) y que ninguna universidad parece haber tenido interés, siquiera estadístico, en realizar.

Hoy todo parece más claro. Entre los objetivos y competencias de grados como el de Estudios Árabes e Islámicos de la US y su equivalente en la UGR se encuentra proporcionar a los estudiantes "una sólida formación lingüística y cultural" (US) o "una buena formación lingüística" (UGR) "que debe manifestarse en competencias y capacidades relacionadas con la práctica oral y escrita de dicha lengua [...], así como con el conocimiento suficiente de [—al menos—, US] una variante dialectal que permita [...] la comunicación y la interlocución [con facilidad y espontaneidad, US] en situaciones normales de la vida cotidiana" (UGR, US). Dicha formación se identifica, como en grados similares, con un nivel B1 del MCER que los estudiantes de la US "deberán acreditar, antes de solicitar la expedición del título", a diferencia de la UGR, que cuenta con su propio examen (creado, imagino, ex profeso, puesto que sólo acredita dicho nivel), pero del que están exentos sus estudiantes de Traducción e Interpretación y Estudios Árabes e Islámicos. De acuerdo con la lista de competencias de esta última titulación, ese B1 capacita para:
  1. Comprender las ideas principales de textos de mediana complejidad.
  2. Relacionarse con hablantes nativos con cierta fluidez y naturalidad.
  3. Escribir textos claros y concretos sobre temas diversos.
  4. Comprender las ideas principales de discursos, conferencias y medios audiovisuales.
  5. Producir oralmente textos [sic] claros y concretos.
  6. Analizar y traducir textos de mediana complejidad.
Y para desarrollar, asimismo, las relativas a la literatura y a la historia árabe e islámica, como, p. ej., "identificar y analizar las características de un texto literario" o "buscar, seleccionar y procesar la información procedente de las fuentes literarias" (siempre que no excedan, es de prever, esa "mediana complejidad").

En la Universidad de Cádiz (UCA), "el propósito concreto del título de Grado en Estudios Árabes e Islámicos es que el estudiante se desenvuelva como usuario independiente en el nivel B1 del MCERL" y entre las competencias específicas del mismo se hallan la E54 ("Conocimientos de árabe dialectal marroquí") y la E58 ("Adquisición de competencias lingüísticas suficientes para expresarse corrientemente en árabe dialectal marroquí"). No se indica en ninguno de los casos anteriores, sin embargo, y he aquí lo interesante, cuál es la relación entre ese "conocimiento suficiente" de árabe dialectal y el B1 que se debe alcanzar. En la US, como en la UGR, es obligatorio estudiar sendos primeros niveles de "dialectos magrebíes" y de "dialectos orientales" (60 + 60 horas), mientras que los segundos son asignaturas optativas. Parecida sería la situación en la Universidad de Alicante, aunque su grado en Estudios Árabes e Islámicos sólo ofrece un primer y único nivel, ambos obligatorios, de cada (120 horas lectivas en total). Se da así la circunstancia de que los alumnos adquieren un mismo nivel (probablemente un A1-, para ser realistas) en dos dialectos diferentes, al tiempo que alcanzan, es de suponer, un B1 general. En la UCA, incluso, es posible "superar este nivel, entrando en el avanzado B2", con tan sólo 60 horas lectivas de árabe marroquí, que suman 780 junto a otras asignaturas de lengua (las mismas que en la US y 180 menos que en la UGR). Si nos trasladamos fuera de Andalucía, el grado equivalente de la Universidad de Salamanca (USAL) tiene también como objetivo la "capacidad para comunicarse en árabe, tanto oralmente como por escrito", pero de las 540 horas lectivas que sus planes de estudio dedican a la lengua, sólo 45 corresponden a una asignatura optativa de árabe marroquí, aunque existe otra, de idéntica duración, de "Dialectología árabe". Por su parte, los graduados en la especialidad de árabe del título Estudios de Asia y África de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) podrán "utilizar la lengua árabe [...] en un nivel de comprensión y expresión situado entre un usuario básico y un usuario independiente", es decir, entre un A1 y un B2, "dependiendo", significativamente, "de si se trata de competencias orales o escritas". Como en la USAL, existe una asignatura general de "Introducción a los dialectos árabes" y otra de "Dialecto marroquí", aunque también en otras, a juzgar por sus guías docentes, se abordan contenidos dialectales. La segunda de las asignaturas mencionadas se imparte en 60 horas lectivas (15 más que en la USAL) y permite alcanzar un nivel A1.1, el máximo, previsiblemente, que se obtiene en árabe dialectal en el grado, mientras que superar la más avanzada de la materia "Primera lengua (Árabe)" implica completar un B2, y quizá de ahí esa referencia inicial a una competencia a caballo entre ambos, que nos devuelve a la cuestión de fondo: siguiendo las directrices del MCER y de estándares similares, ¿se pueden, en efecto, como pretende Ivan Lowe, acreditar competencias separadas en árabe normativo y dialectal? ¿es coherente, volviendo al caso de la UAM, certificar un nivel B2 de árabe (a secas o básicamente clásico) cuando el máximo que se posee de un dialecto es un A1.1?

Sin negar rotundamente la posibilidad, yo diría que existen, ante todo, restricciones lógicas en el orden y nivel, ya que, si por un lado es evidente que ni el árabe normativo ni el dialectal pueden garantizar cada uno por sí solo el desarrollo de las capacidades descritas en el MCER, por otro lo es también que la presencia del primero, al contrario que la del segundo, no puede ser la misma en los niveles básicos y en los avanzados, al menos desde una perspectiva sociolingüística. Interpretar, por poner un ejemplo diáfano, que un usuario independiente B2 "puede relacionarse" en árabe normativo "con hablantes nativos con un grado suficiente de fluidez y naturalidad de modo que la comunicación se realice sin esfuerzo por parte de ninguno de los interlocutores", como establece el Marco, es tanto como negar ese nivel a una inmensa mayoría de árabes cultos que, sin embargo, sí son capaces de "entender las ideas principales de textos complejos", escritos en árabe normativo, "que traten de temas tanto concretos como abstractos, incluso si son de carácter técnico siempre que estén dentro de su campo de especialización".

Resulta innegable, para ir concluyendo, que el árabe dialectal es hoy un componente imprescindible en cualquier grado de Estudios Árabes e Islámicos que se precie, como ha de serlo también en el de Traducción e Interpretación de la UGR, una de cuyas competencias a adquirir es "conocer la lengua B (primera lengua extranjera), escrita y oral, en niveles profesionales"; pero no es menos innegable, a mi juicio, que ese componente tiene aún mucho de postizo, como lo tiene, de hecho, la propia adopción del MCER, inconsecuente en general pero no carente de provecho, en el sentido de que ayuda a poner límite a la fantasía que de algún modo ha imperado hasta ahora, y en muchos sentidos sigue haciéndolo, en materia de niveles de competencia. Así parece razonable pensar, p. ej., que algo se está haciendo mal (o increíblemente bien, sea en sentido figurado o literal) cuando dos planes de estudio prevén contenidos y plazos muy distintos para alcanzar un mismo nivel, o cuando dicen garantizar niveles distintos con plazos y contenidos similares; y otro tanto, p. ej., cuando para una plaza de profesor se selecciona a un candidato cuya máxima acreditación es un B1 incompleto.

Ojalá, en fin, que esta preocupación por el nivel de entrada de los alumnos se prolongue en una revisión del título en cuestión y que el ejemplo, ya hablando en general, cunda y se extienda a los de salida, así como el que se le supone a los candidatos a la docencia.

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