En España no hay, que yo sepa, ninguna asociación cuyos fines sean "facilitar la comunicación y la colaboración entre profesores de árabe, y promover el estudio, la crítica, la investigación y la formación en el ámbito de la didáctica del árabe como lengua extranjera" a la manera en que lo hace, p. ej., la American Association of Teachers of Arabic (AATA). Es decir, una asociación que agrupe a quienes enseñamos árabe en España, que somos profesores universitarios, de Escuela Oficial de Idiomas y de otro tipo de centros públicos y academias privadas. De hecho, sólo hay una que guarde alguna relación con este terreno, la Sociedad Española de Estudios Árabes (SEEA), que es "una asociación científica creada en 1993 que agrupa a profesores e investigadores interesados en el desarrollo, promoción y difusión de los estudios árabes en España". Hasta hace unos años la actividad de la SEEA consistía básicamente en la organización de simposios anuales, pero coincidiendo con mi incorporación a la Universidad de Murcia en 2006, el que ha sido presidente de la asociación hasta el pasado día 3, Alfonso Carmona, me pidió que creara una lista de correo electrónico en la que los socios y otras personas interesadas en los estudios árabes pudieran intercambiar información, debatir cuestiones de interés, etc. Así, y gracias a los medios técnicos que ponía a nuestra disposición la U. de Murcia, nació SEEA-L a comienzos de junio de 2006.
Cuatro años después, podría decirse que SEEA-L ha cumplido con sus objetivos iniciales. Aunque la participación es más bien baja (o poco diversa) si se tiene en cuenta que el número de suscriptores ronda los 200, la lista se ha convertido en el lugar idóneo para cualquier tipo de intercambio relacionado con los estudios árabes: noticias, enlaces, opiniones, etc. Además, unos nueve meses después de su lanzamiento desaparecía ARABIYYA, la lista promovida por los creadores del primer Arabismo.com (1999-2006), sitio del que fui colaborador ("ocasional", según uno de ellos, artífice del segundo). ARABIYYA, albergada en RedIRIS y activa desde 2002, pretendía en cierto modo ser la versión profesional, bajo suscripción, del foro de Arabismo.com, que había sido el primer espacio en la red donde se había discutido la situación de la enseñanza del árabe en España (con hilos del tipo "¿Por qué los licenciados no sabemos hablar árabe?", "¿Filología Árabe como el resto de las filologías?" o "Sobre la calidad del profesorado de árabe", por mencionar sólo algunos ejemplos), y en ocasiones demasiado abiertamente, lo que llevó incluso a la eliminación, en marzo de ese mismo año, de una serie de mensajes anónimos que contenían al parecer (yo no llegué a verlos) alusiones a profesores con nombres y apellidos.
El caso es que así, entre pitos (los más) y flautas (las menos), llevo ya casi diez años abordando el tema de la enseñanza del árabe en foros de este tipo, donde coincidimos profesores y alumnos, y desde entonces llevo escuchando prácticamente los mismos argumentos, repetidos casi palabra por palabra y todos con un mismo y único objetivo: quitarle hierro al asunto, maquillarlo o, directamente, escamotearlo. Pero no piense el lector que se trata de debates multitudinarios ni nada por el estilo: son pocos, muy pocos realmente los que se toman la molestia de negar o edulcorar la evidencia. La inmensa mayoría, ya sea por hastío, indiferencia, prudencia, disimulo o una mezcla de todo lo anterior, calla y, en cierto sentido, otorga, consciente tal vez de que abordar el tema no lleva en sí a ninguna parte, salvo a significarse. Yo por mi parte, si hablo, no es confiando en convencer a nadie (y menos a los que no otorgan), sino en que alguien de la misma opinión que yo, o al menos con la misma inquietud, recoja el testigo, si no ahora tal vez en un futuro cercano, y se sienta algo menos solo de lo que otros nos hemos sentido. No creo pecar de profesor-amigo-de-sus-alumnos (el equivalente en el terreno de la docencia a esos padres que se dicen amigos de sus hijos), si digo que es la formación a la que tienen derecho lo único que me interesa y me preocupa, porque el resto, las lecciones que se puedan extraer de este tout pour l'arabe; rien par l'arabe ya hace tiempo que las extraje.
14 de octubre de 2010
Entre pitos y flautas
3 de octubre de 2010
El capacho, aunque sea sin uvas
De la página web del nuevo Grado en Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Granada cuelga este vídeo promocional, muy en la línea, podría decirse, del espíritu boloñés: con la reforma en marcha, las universidades públicas han de vender lo mejor posible sus títulos, ahora propios, y para ello se publicitan como hasta ahora sólo hacían las privadas: becas, prácticas, salidas laborales para todos los gustos, etc. Dicha publicidad no sólo atañe a la calidad y utilidad de los estudios, como podemos ver, sino también a la idoneidad del entorno, en este caso la ciudad de Granada (min. 11:36).
28 de septiembre de 2010
Raras servidumbres
Decía en una ocasión García Gómez, después de constatar la incorporación del arabismo al resto de las Humanidades, que a él le habría gustado ser como sus colegas helenistas o latinistas (pero no en la manera de haber aprendido o de manejar el árabe —como el griego clásico o el latín—, cosa que decía "sentir"), sino en el sentido siguiente:
A un helenista especialista en Homero, por ejemplo, no se le pide su opinión sobre Andreas Papandreu; tampoco a un latinista especialista en Horacio se le pide que opine acerca de los malabarismos que hace el presidente de la República de Italia para mover las fichas de dominó en su gabinete de coalición.---Antonio Astorga, "García Gómez: «Los arabistas ya no somos el suburbio de las Humanidades», ABC Sevilla, 19.05.1991.
Obviaba así don Emilio (como se refieren a él habitualmente sus seguidores y admiradores) la posibilidad de que tal vez no fuera en su calidad de arabista, sino en la de ex-embajador de España en Oriente Medio durante casi diez años, entre 1958 y 1969, por lo que algunos pedían su opinión sobre cuestiones del mundo árabe actual (como se la habrían pedido a cualquier latinista que hubiera sido además embajador en Roma o ante la Santa Sede).
22 de septiembre de 2010
Cosa de curas
Cuando en 1924 comuniqué a Cejador que iba a seguir estudios de árabe con Ribera y Asín, me dijo: «¿Y cómo te metes en eso, que es cosa de curas?» [...] ¿El arabismo, «cosa de curas»? Valga como rápida impresión, si la compensamos con que el arabista solía ser mirado como «una sucursal de árabe». A mí mismo me llamaba a veces Ortega con cariñosa broma «circunciso». Precisemos: en aquella época, cuando alguien elegía libremente una profesión, no se avergonzaba de ella, ni de ser llamado por su nombre; pero ser «arabista» no consistía en «identificarse» con los árabes. [...] Si nuestra escuela española sentía simpatía por los árabes, era sencillamente porque trataba de entender la Edad Media ibérica, y creía tener que rendir a la civilización arábiga el «tributo de estricta justicia» que le era debido. No menos, pero tampoco más. [...]---Emilio García Gómez, "Ser arabista, ayer y hoy", ABC, 22.08.1982.
Claro está que no se trataba de abdicar de la cristiandad, ni —en el caso de Asín— de sembrar confusionismos, luego de moda y que en ningún terreno han dejado de ser contraproducentes. Pero allá cada cual con la responsabilidad de sus extravasaciones.
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