22 de enero de 2011

Parvenu en mal état / Réfectionné par nos soins

La frase que encabeza esta entrada ("Recibido en mal estado / Recompuesto por nuestros medios") es la que figuraba en el envoltorio, sobre, embalaje, etc., de algunos paquetes postales que recibía en mis tiempos como becario en Túnez, entre 1996 y 1999, y cuyo estado, como indicaba el aviso, no era exactamente el original. Eran, supuestamente, envíos que llegaban abiertos, y que La Poste Tunisienne (البريد التونسي) tenía la gentileza (y el derecho) de adecentar antes de su entrega definitiva. A otros envíos más o menos voluminosos les sucedía lo que a los sobres de muchas de las cartas que me llegaban: que habían sido abiertos a todas luces con vapor y vueltos a pegar con cola de la manera más torpe imaginable, de modo que el contenido quedaba a menudo atrapado en el interior. Que bajo el régimen de Ben Ali se violaba la correspondencia (e incluso algunas valijas diplomáticas) no era ningún secreto, aunque yo los detalles sólo los conocí tiempo después:
— Vous lisiez les lettres des citoyens ?
— De tout le monde, même des étrangers résidant en Tunisie.

Amm Houcine m'a expliqué comment fonctionne ce « Palais des rêves » tunisien. C'est un petit bureau qui se trouve à la Poste Centrale de Tunis. Tout le courrier qui vient de l'étranger et celui de la ville de Tunis passe par ce petit bureau presque anonyme. Pour les journaux et les revues, on attend le feu vert d'en haut pour pouvoir les remettre aux services postaux, sinon ils seront saisis pour toujours. Quant aux lettres, elles sont ouvertes automatiquement s'il s'agit de personnes inscrites sur la « liste noire » [...]. S'il s'agit de gens « normaux », les lettres sont ouvertes au hasard, car ils n'ont pas les moyens d'ouvrir les dizaines de milliers de lettres qui arrivent chaque jour de l'étranger. Certains pays, on le comprend, sont aussi sur la « liste noire », comme l'Iran ou la Grande Bretagne. Donc on prête plus d'attention au courrier qui parvient de ces pays « terroristes » ou qui abritent des « terroristes ».
---Omar K, "Amm Houcine, le déchireur de lettres", 19.10.2006.

Hamda Ben Tijani (حمدة بن تيجاني) en
la comedia El mariscal.
Aquello de parvenu en mal état / réfectionné par nos soins me recuerda ahora al gobierno de transición formado en el país, y que incluye a varios miembros del anterior (en las carteras más importantes) y algún que otro nombramiento puramente efectista, como el del bloguero y twittero Slim Amamou (سليم عمامو), alias Slim 404, en lugar, según sus detractores, del siniestro Ammar 404, el apodo con el que aluden los internautas tunecinos a la censura en la red: al parecer, a partir del personaje del mariscal Ammar (الماريشال عمار) y del error 404, con ecos de la popular Peugeot 404 bâchée, todo un clásico en el parque automovilístico del país —algo así como el Paykan (پيکان) en Irán, donde ya circulan, por cierto, algunos juegos de palabras aprovechando la semejanza entre la palabra 'Túnez' (تونس) y la pronunciación coloquial del verbo 'poder, ser capaz' en pasado (توانست), aludiendo, cómo no, al desenlace de las protestas electorales que vivió el país en 2009.

"Que no vuelvan los de antes". Fotografía de Abdellatif Snoussi (عبد اللطيف السنوسي).
En su aparición en una emisión especial sobre Túnez de TV5 Monde del pasado día 17, Sadri Khiari (referencia obligada en muchos aspectos) comentaba (min. 13:16) que la expresión "Révolution du jasmin" no gustaba en Túnez por sus connotaciones exóticas y folclóricas, añadiendo que, puestos a buscar una comparación botánica, eran preferibles "les figues de Barbarie, qui sont une plante qui pousse beaucoup autour de Sidi Bouzid". Sin embargo, lo cierto es que todos estos acontecimientos bien podrían quedarse en una revolución de jazmín, sin grosor ni espinas, si lo único que cambia en Túnez (y con todo habría merecido la pena) es el elenco de esta dictadura que Mohamed Talbi (محمد الطالبي) calificaba de "estúpida, policíaca y perfecta" en su intervención en el encuentro internacional Alianza de Civilizaciones. Seguridad internacional y democracia cosmopolita (Madrid, 2005). A sus 84 años, con su lucidez habitual y cierta amargura, el eminente historiador e islamólogo, "tout juste toléré par le régime tunisien" según Le Monde, sentenciaba así:
Il ne faut rien attendre des hommes politiques. Ils parlent tous faux. Ils parlent tous le langage du mensonge, de l’arrogance et du cynisme. Les nôtres ne nous consultent pas ; ceux d’Occident, pourtant démocratiquement élus, nous donnent l’exemple désolant de chefs d’états qui mentent ouvertement à leurs auditoires qu’ils prennent tous pour de fieffés imbéciles.
Desde luego, si fuera por los políticos de eso que llaman Occidente, Ben Ali seguiría en el poder. Aquí en España, sin llegar a ofrecer al dictador el savoir-faire de nuestras fuerzas de seguridad, como hacía la ministra de AAEE francesa (y con razón) o a tener un ministro de cultura medio tunecino y sumamente exigente en materia de dictadura (y literatura), no se puede decir que hayamos estado (jamás) a la altura de las circunstancias. La primera veintena de muertos, denunciaba Ignacio Cembrero en El País (10.01.2011):
[...] No suscitó ninguna reacción por parte de la Unión Europea ni de los Gobiernos y partidos políticos del sur de Europa. En España el PSOE no se ha pronunciado mientras que el coordinador de relaciones internacionales del Partido Popular, Jorge Moragas, denunció ayer en su blog el silencio del Gobierno español ante los ataques a las minorías cristianas en Irak y Egipto, pero no mencionó los sucesos de Túnez.
Sólo al día siguiente el MAEC hacía público un escueto comunicado en que, aparte de mostrar su preocupación, lamentar las pérdidas y solidarizarse con las víctimas, hacía un llamamiento a que se restableciera "la normalidad" y se garantizara "el respeto de los derechos y las libertades fundamentales", como ignorando que dicha normalidad entrañaba, precisamente, una violación sistemática y cotidiana de esos mismos derechos y libertades, y una afrenta constante a la dignidad de los tunecinos que, dicho sea de paso, va mucho más allá del nepotismo o del simple hecho, en el que tanto se está insistiendo, de robarles o enriquecerse a su costa (cosa que, a fin de cuentas, también padecemos en nuestras democracias).

La cuestión ahora es si quienes respaldaban a Ben Ali, dentro y fuera de Túnez, están dispuestos a facilitar una transición democrática, y cómo van a reaccionar en caso contrario los tunecinos de a pie, que de cualquier modo ya han dado una lección al mundo. "No hay que encontrar las causas, siempre dadas", dice  en Gara el filósofo Santiago Alba, que reside en Túnez desde 1998, "sino el minuto. Y ese minuto es ahora".

"Tonight we are all Tunisians", clamaba la hermana Yvonne Ridley en Foreign Policy Journal el pasado día 15, pero lo cierto es que también son muchos los que a este lado del Mediterráneo llevan años siendo Ben Ali. Yo personalmente, como le comentaba recientemente a un colega que me animaba a "escribir algo" para la prensa, confío en que alguna wikifiltración local (quizá del estilo de los Documents from the U.S. Espionage Den, verdadero precedente de Wikileaks) nos permita algún día a todos conocer con detalle la naturaleza y el fondo de la parte de benalismo que nos corresponde; o de trabelsismo, ya que, al parecer, detrás de cada gran dictador (a excepción, tal vez, del de Tomainia) ha de haber una grandísima ladrona. Ya decía un esclarecido hijo del país, Ibn Jaldún (ابن خلدون), cuya estatua en la Plaza de la Independencia de la capital tunecina media justa y metafóricamente entre la Catedral de San Vicente de Paúl y la embajada francesa, que "la injusticia es heraldo" (por no decir almuédano) "de la ruina de la civilización" (الظلم مؤذن بخراب العمران), porque priva a la gente de la esperanza de prosperar y del empeño de hacerlo, tal y como se recoge en un capítulo de sus Prolegómenos (المقدمة) de obligada lectura; injusticia, advertía este tunecino de ascendencia sevillana, que va más allá de apoderarse de bienes y propiedades: injustos (ظلمة) son también, dice, quienes impiden a la gente disfrutar de sus derechos (المانعون لحقوق الناس).

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